martes, 17 de diciembre de 2013

A cuestas


Hombro a cuestas. Y caminos que no caminan, pero invitan. 
El macuto, la tierra polvareda, y seca; no llueve.
Macuto. De un color verdoso, al hombro, bien sujeto, no caiga.
Al hombro, el macuto, ya duele. Ya empieza el dolor del caminar con la carga a cuestas, casi siempre el lado, el mismo.
Una clavícula más baja que la otra, dolor silente parece que duerme.
Va despertando según vamos caminando.
Quisiera ser más peso pluma e ir un poco más con el viento, ligero.

Dentro, en el macuto, enseres hechos de papel.
Colgados de una clavícula, ¿cuál? pregunta la pregunta, colgados de la más baja, de ahí colgados los enseres de papel dentro del macuto color verdoso.
El macuto lo sabe, los lleva, y los trae, a cuestas. Igual que siempre, hoy.

Una cubierta parlante, un titular por título.
Dentro en el macuto, se encuentra, el alma, la misma de la que hablan a veces las páginas de los libros como los del verdoso macuto.
Libros especialistas en los cómo, y en los porqués temáticos. Y especialistas en los cronistas del rey cuando, y en los biográficos de los tantos quienes, y en los…

Sus autores, sus autoras, huellas impresas dejaron que el viento no se pudiera llevar, pasó el viento demasiado tarde, ya estaba escrito. Las ráfagas marcharon con los bolsillos vacíos, vinieron demasiado tarde, y no pudo ser que las palabras se las llevara el viento. Con el libro ya cerrado nada el viento pudo hacer.

También eso llamado el alma, es, o está, en los significados de los cuentos que en los libros abiertos de par en par se cuentan, ¡ahí está ese libro entornado, qué raro!
Llevados a cuestas, en el hombro de un hombre, ora una mujer, que a veces toma un cuaderno y escribe al amparo de una tarde normal y corriente, tarde afable tarde al fondo un canto, un pájaro, un quizás, un puede que más tarde, ahora no lo sé.

Entretanto una taza de malta aún humeante, recién preparada, y ahí cerca en la mesa, ora el hombre, ora la mujer, escribiendo, pensando, imaginando, junto a un lápiz entre los dedos, dando divertidas vueltas, malabares y volteretas sin caer al suelo.
Ora él escribiendo, ora ella escribiendo, bajo una tarde, como ésta. Normal y corriente.

miércoles, 27 de noviembre de 2013


Ignoro le dimensión de lo que estamos hablando, ignoro el significado, el símbolo de nuestra conversación, en esta tarde, en la que no podemos salir a pasear; pero estoy viendo a tu gato, ahí, en esa silla, sentado, agachado, quieto, sin movimiento alguno parece una estatua con pelaje suave al tacto; los ojos se le van cerrando, se le van abriendo, con cierta parsimonia su orejas giran buscando diminutos sonidos en el espacio tiempo...

No sé, pero parece que nuestra conversación no le interesa, quizá le aburra, se le cierran los ojos.


lunes, 28 de octubre de 2013

En breve



Bajó al pequeño colmado de la esquina, a pocos pasos. Entró.
La señora, tras el mostrador. Al verlo entrar le formuló la pregunta crucial…
¿Qué te pongo?”
¡Póngame un tarro de miel, de esos de medio kilo!”
Muy bien…” La señora Valeriana procedió

El joven iba a pagar, así que sacó del otro bolsillo unas monedas: “Cuando se acabe la miel, lavaré bien el bote y meteré unos billetes que tengo sobre la mesa, puestos de cualquier manera, sabe usted.”

O sea, que lo utilizarás como una hucha.”
Eso es, algo así como una caja de ahorros, pero transparente.”
Bien hecho muchacho.”

jueves, 3 de octubre de 2013

Casi...


Casi cada tarde sobre la mesa una botella, allí el vino y vasos para sus amigos, medio llena o medio vacía, que a fin o a principio de cuentas que resultar resulta ser lo mismo. Su rostro corporal, que dicen que lo dice todo, está ya muy anciano y colorado, pero él sigue fumando y fumando su cigarro, unos tras otros. Su rostro, en el fondo, pudiera ser que…, queriendo salir, alejarse de tales presiones. Pero en su rostro hay soberbia, orgullo, y este homo aun osado, y de temperamento, empero limitado, de salud, delicado.

Entre sus dedos un pincel, delgado como él. Homo amante de los colores, de los lienzos y del antiguo arte del pintar silente, paciente y luego a exponer en algún bar. Dos, tres, cuatro pinturas apoyadas, por acá, por allá, por detrás de. De algún zoco o rastro una estantería de madera algo vieja, allí colocados cuantos unos libros viejos, de viejos teatros, pasados poemas, desconocidos y populares cuentos, y cubiertas destempladas y endebles.

Del hombre, hacia días que nada sabía, no lo veía desde hacía tiempo atrás, unas semanas, y sin señales de. Su cadáver, dicen, estaba sobre la cama, quizá por alguna enfermedad, vieja conocida de la medicina. Su cuerpo finado quizá por no poder aguantar tanta presión, quizá en aquellas botellas de vino y un cúmulo de otras circunstancias. El vino es el vino, el contenido es el contenido, botellas medio llenas o medio vacías siguen siendo botellas, según se mire como se mire resulta ser lo mismo, al fin y al cabo que al cabo y al fin.
El vino es el vino, la esencia, pero viene la cultura del vino con su discurso mitológico y…. De la tierra a las venas.
Las pinturas siguen serenas, como el vino en la tierra, en racimos, en las matas o en las venas.

martes, 1 de octubre de 2013

El amanecer en...


El amanecer en la ventana, y lejos, muy lejos, en una gran lejanía, el sol, enviándolo desde muy lejos desde la superficie solar, ardiente. Desde allá hasta la ventana, aquí. El enviado amanecer, cada mañana, distante y cercano.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Abajo la tierra....

Abajo la tierra, el camino sube y se hace cuesta arriba, en la transpiración corporal la bicicleta vital no tiene para más; las aspiraciones aún más buscando más, inventando escalones e inventos listones.
Quieta, mirando a todo lugar; girando y girando no se detenga, quieta girando la tierra, no te pares; planeta derviche maestro, el cielo como al acecho.
Arriba el cielo junto a un ave, criatura terrenal de la tierra, aposentado pájaro sobre un tronco, en una rama planetaria, casado con la vida el tronco en simbiosis conyugal.
Por ahí va mirando con el pico cerrado un ave oteando arriba en el cielo atmosférico; las hojas de madres arboledas marchan de la mano de una ráfaga que lleva miles de invisibles partículas. Las hojas van correteando metiéndose en remolinos chocando contra muros de endeble y temible papel administrativo e indiferente pared; empero el viento permanece inquieto suave y cuando quiere fiero se queda, y las hojas folios papeles escritos marchan y marchan una y otra vez en frágil estampida, empero el viento aquí queda atrapado libremente en el mundo excepto en algún recoveco dando vueltas en círculo cerrado pequeño remolino inofensivo fenómeno que los niños y las niñas no aprenden a observar.
La noche se despierta a la luz de la luna, peregrina joven anciana juventud. Brillo reflejo, espejo abajo en una charca que la lluvia olvidó, la otra tarde se la dejó.
El ritmo se desliza por un arroyo caudal y vital; y cada mito contando su historia, a veces creada por la historia del mito.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Desierto

Me gustaría escribir sobre el desierto,pero...tengo un problema.


¿Qué problema?


Nunca he estado en un sitio así, intuyo que debe ser interesante.


Lo es, yo he estado.


¡Sí! ¡Qué bien, me alegro por usted! Sin embargo, yo..., hasta que no vaya al desierto no podré escribir sobre ello, aunque tengo una alternativa, podría imaginármelo, ver películas, fotografías, y así escribir.


¡Pruebe, será otra forma de acercarse al lugar!



viernes, 19 de julio de 2013

Ocre

Ocre es un gato, bonito tirando a rubio, tirando a canela suave, por sus rayas de nacimiento corretea un tigre que aparece y desaparece flexible y buen gimnasta sin botas y entusiasta, experto catador de aromas y de rastros.
Suele ponerse junto a la ventana, arriba en la alcoba, por donde el sol del otro día vuelve, y regresado asoma en sus primeros rayos recién amanecidos desde muy temprano, fue al alba, junto a la acompañada gaviota que pasaba, planeaba, flotaba, con ayuda de leyes físicas y otras fuerzas gravitatorias de atracción y rechazo en el cielo antes y ahora raso.
Con estampa de admirable y entrañable confianza, sereno y seguro avanza por el pasillo en busca de su ama, una poetisa dama, abajo, en la mesa del piso de abajo y salón; allí ella escribe poemas de diferentes texturas y temas, fragancias invisibles, sutilezas que capta.
Verso a verso escribe traza un poema sobre la mesa, poema que empieza en el fuero donde el suspiro empieza desde lo interno, con el artículo femenino la. Y singular como Ocre, el gato atigrado con cara y mirada de saber, y que viene a buscarla.
Llega el animalito, viene se acerca, con el neurológico lomo arqueado, con los ojos medio cerrados la acaricia a ella en la pantorrilla pantalonera de rodilla a tobillo, pasando con suave tacto lomo sobre mano, mano sobre lomo, miles de sensaciones se activan, corporales células se alegran en una fiesta, espontánea e inocente.
Y el verso que la joven dama estaba creando queda ahí medio creado parado en vilo, como pendiente de un hilo, pues a ella, en esos momentos no le importa que quede en vilo, pues la poesía, dice ella, empieza mucho antes de ser escrita, ni siquiera necesita palabras, piensa la escritora entusiasta con una grafía en mano, de versos hacedora a trazos compositora, suspira un soneto, Ocre espera atento también a las atenciones.
Con temple la palabra un frágil templo, la joven se levanta de su mesa en tan buen momento, con el poema a medias y Ocre contento ergo ella sube a la acomodada alcoba.
Aquí, es ésta, aquí está, la ventana que dentro de muy poco abrirá, para que el felino, gustoso gatuno comience una nueva jornada, animal sin tacha ni mal, gateando sobre cornisas boca abajo tejas boca arriba puestas, que también sirven de apoyo a la negra, a la blanca urraca del cuervo parienta lejana o cercana.
Sobre tejas dobladas, doblegadas por la fuerza forzadas, ajustadas boca abajo las tejas ultrajadas boja arriba obligadas y así las aguas superiores al caer de la lluvia se vayan en diminutas barcas convertidas gotas, llenas de, hacia abajo se vayan.
El gato saltarín de un salto sale al tejado y camina y escudriña y olfatea. Lento avance, aventura a su ritmo, imprevisible lento avizor se aleja, el amanecer compañero va con él más también con toda la humanidad, con el tiempo a su vera, el tiempo un hermano compañero en soledad.
Ocre se aleja por los presentes hacia los infinitos, con forma de forma ergo la vida transforma. Las casas son de dos o tres alturas son algunas; terrazas y patios para ir con lento cuidado, ¡sigilo!, que el gato va y viene. El gato amigo del camino, el viejo camino amigo del milenario felino.
Tomando el sol y aceptando el fresco despabilando, se aventura recorriendo calmo una pequeña parte de la población, de tejado a tejado y valga añadir que muchos de los viejos edificios están aparejados, como las rimas de versos a pergaminos plasmados y entregados.
Paredes maestras, edificios contiguos, como amantes queridos unos a otros; como seres humanos codeándose, oyen sus voces familiares en conversación, ciencias cosas de la vieja y constructora arquitectura facultad, allende sus edificios, por fuera grises, sea queden, por dentro felices. Por dentro el calor y confort del hogar mantienen, mientras por arriba un gato se pasea con sigilo y cuidado, discreto y escuchando, bigote antena.
Abajo en la mesa la poetisa, tinta y tintero de color sincero, un escrito, un hecho, el hecho de escribir, el cuál, se dice que es vivir, como un ser vivo que necesita escuchar decir.
A la vez camino y meta, el camino es la meta es el camino y el objetivo el trayecto; un paso un trazo al frente en presente, flexible y no forzudo, ha de ser lo que ha de ser.
Ella, con la mente erguida ella sentada la espalda en el respaldo apoyada el diafragma tranquilo respira. Ella, una joven que confía en Ocre, su grato gato. Ella, abajo junto a la mesa, escribiendo estrofas en versos textos diversos.
En los exteriores la hermana brisa, entra o sale entreabierta la ventana.


Una brisa la misma, o quizá otra, quizá la misma de la otra vez, una brisa ladeando briznas hierbas, de una mata nacida en los entresijos de una olvidada cañería, junto al desagüe de la cornisa, allí cerca, por donde el gato camina ahí arriba, subyugadas, sin voz ni voto, haciendo de sandalias las tejas tras ser cocidas y doblegadas ahí arriba dejadas.
Desde arriba vista la escritura es una casa, sencillo y humilde templo que empieza por el tejado empieza la escritura desde arriba y va bajando como una vieja y nueva o renovada lluvia de tinta, un argumento deslizando, un sagrado juego, hasta que llega va llegando el fin del poema, donde yace el último verso, en la última estrofa, la última palabra. Lugar sustantivo en el que el texto este acaba, la última letra llama.
Escribir sea quizá la única casa que se empieza por el tejado desde arriba, izquierda o derecha hacia abajo van bajando, tal riachuelo buscando río, buscando expandirse en el horizonte el mar. Hasta un tal fulanito punto un final, seguido de un punto y seguido. Literal como la compañía distante de este gato de flexibilidad sin igual.
El gato a rayas una estampa de tigre casero y pequeño, andará sigiloso por ahí arriba susodicho, de rituales y costumbres entiende este gato felino, investigador nato especialista en tejados tanto para él como para gatos.
Su ama y aprendiza compañera la poetisa, siempre empieza la casa escritura por arriba el tejado, sigue la ruta del camino versado, abajo, ahí sentada, ante ella la mesa, y la letra palabra de un poema que sin cesar acaba para poder continuar en el corazón hogar.
Quizá el gato, más tarde, según su tiempo animal, venga con el lomo neurológico arqueado.

miércoles, 26 de junio de 2013

La vía de la simplicidad



El gato se me queda mirando, tranquilo y sereno vigilante mientras escribo este texto, el animal atento. Abre sus pequeñas fauces, bosteza, se relame, se acomoda aún más sobre el cojín, blandengue, cómodo. Por unos segundos panza arriba para ser acariciado así se acaba de posicionar, el animal sigue atento.

El gato se levanta, se arquea como el perfil de una luna media que asciende por la montaña invisible, luego baja un poco el lomo y se marcha caminando con elegancia y buena suspensión independiente en las cuatro patas, no de palo, pero sí pata de pelo; mamífero discreto, sin hacer ruido se retira a beber agua fresca del recipiente a temperatura ambiente, muy cercano bajo la ventana a la sombra el agua y su recipiente.

Una paloma se ha colado junto a las macetas llenas de tierra y flores, el pájaro mira a su alrededor, al suelo le ofrece un pequeño paso, luego otro e ir avanzando.
Allí cerca el gato parapetado, acechando al pájaro volador de vuelos bajos.
Sigiloso y estratégico felino doméstico vigilando, como preparado para algo, quizá esté tramando cosa harto felina.

La paloma se va, alza el vuelo, desaparece por los cielos esos que hay ahí arriba, de color gris y con ventanas y edificios acondicionados por aire de circuito a la máquina.
¡Por ahí arriba, la paloma se alzó en alas y desapareció!

Al acecho el gato se queda como si nada hubiese sucedido, se levanta, vuelve a su cojín en el patio medio cubierto con aire fresco del que pasa y mueve según qué, algunas cosas, empero no todas el viento no se lleva.

Este texto, entre estrofa y estrofa crece, ahí el gato observa pequeños detalles de lo cotidiano en su campo visual y sensorial, sembrado de pequeños desafíos y alguna escaramuza consigo mismo y gatuna.

Miro por la ventana…, en reflejo se aprecia al gato mirando sin mirar sobre su cojín, descansando o quizá preparándose para.

Los gatos siempre están a punto o preparándose para entrar en acción, para lo que pueda suceder; incluso llegado el final de esta escrita historia sigue preparándose igual, el gato sigue estando atento, el gato es un animal atento que casi siempre te desatiende además es muy independiente.




martes, 18 de junio de 2013

¿Hoy, qué me pongo?

El sol asoma por las rendijas habitantes en la ventana de una nueva jornada; me incorporo ante el nuevo día que se inició en un lugar que al amanecer llaman alba. Me incorporo ante una nueva oportunidad que me envuelve con travesaños de experiencia, y se me quedan mirando los ojos de la realidad quedan mirando quizá esperando. Ante ella despierto de un sueño dejado atrás; y entonces pienso:
¿Hoy, qué me pongo? Y voy despertando ante la realidad que me mira atenta.

Tomo un poco de asiento del que hay en una silla junto a una mesa, miro a la magia del despertar, y otra vez: ¿Hoy qué me pongo?

¿¡Me pongo…!? A…, a… escribir unas líneas, he cambiado de idea por otra idea, algo indeciso pensaba, apenas ha amanecido.
Sí, podría ponerme a ello, semejante acto sería tal vez bello entre los últimos restos del sueño que se van diluyendo ante las fuerzas vigilias, ponerme a escribir, ergo en breve estaré más despierto pues.

Tengo este poema inacabándose, empero podría concluirlo ponerle fin, quizá me queden dos versos, quizá alguno más tres…, hay cosas que no se sabe cómo acabarán pero sí empiezan.

¿Me pongo a ello? Sí, tal vez, sí, estará bien ponerse a.
Tomo un poco más de asiento del que hay en la silla, me situaré allá en el rincón con gafas de arquitecto de la habitación, bajo el cuadro que habla en color vario, donde la ventana deja asomar al curioso día, el mismo que en más o menos breve marchará, sí, y tímida la noche se pondrá tras el sol, le dejará sitio, será luego, cuando los pájaros manden y lo digan, lo anuncien, siempre extraoficialmente, con melodías de monosílabos, como cada orificio de una flauta descendiente de un árbol al que ahorcaron para poder hacer cosas y muchas más otras tantas, como una flauta que sabe nada de cantos ni de músicas, nada de nada sabe.

Me pongo… a escribir pues que así sea, a continuar esta historia, ésta.
Contada bajo la techumbre o quizá bajo la máscara de un cuento, bajo la jornada, bajo el vuelo de la acompañada gaviota quizá con pata de pato, bajo la brisa que alisa las nubes lentas en procesión sin meta y allende vayan tomando buena dirección, las nubes no beben mate pero riegan el campo y el pájaro procura resguardo.

Me pongo con estas líneas que no saben por sí solas cómo arreglárselas ni componérselas; bajo ésta, esta mañana, acabada de presentarse, reciente, hace poco que sucedió tal apenas ha amanecido que el sol ha salido por donde siempre, ¡qué manía!.
Me pongo a estas líneas serles útil, que necesitan de alguien que las ponga en pentagrama, en vereda, en forma para que tengan sentido, alguien que les dé sentido y sensibilidad; ellas por sí solas no...
No pueden, no saben, me pongo a pensar.

jueves, 13 de junio de 2013

El Velero

Sobre una mesa reza una vela con una llama ofreciendo a su alrededor una pequeña, brillante, amarillenta luz a veces tímida, frágil como una mente que busca fortalecerse; empieza a deshacerse la cera con esa pequeña y solitaria llama a esa altura cilíndrica que con cariño exploró y recorrió el artesano velero parte de la noche estando en vela.
De súbito un frenesí, ¡porque sí!, ventisca diminuta borrasca de viento viene e irrumpe en la sala, donde la vela confiada descansa eso creía descansar.
Sobre la mesa la vela, su llama luz pequeña se tambalea...; parece que pierde el equilibrio funambulesco volatín volatinero...; de un lado a otro se tambalea, oscilando, trastabillando, la llama en su pequeñez se ladea borracha sin embriaguez, serena se tambalea.
Parece que se apague, empero no quiere desaparecer, empero no puede luchar contra el poder, fuerza del viento cobarde y valiente huidizo buen corredor; pero lo acepta no resiste y se nos va, la llama luz febril amarillenta se apaga, desaparece, va ha desaparecer por los rastros invisibles del humo, la vela sin luz se desvela; no sabe qué hacer, ni a dónde qué lugar misterioso hacia el cual partir..., la llama amarillenta acaba de sucumbir, se ha desvelado, ha marchado, rastro humeante legado nos ha dejado aroma pabilo aspecto, quizá olvidado; ya no está, la llama amarillenta estaba, pero ya no está, las corrientes en una, pasaron y se la llevaron.
Un marco de madera se dedica a cobijar a una ventana presunta implicada, pero ésta se abre en tan que ventana, ha sido un golpe rebufo propiedad del viento gesticulando con brusquedad, proclamado enemigo de las llamas frágiles carentes de, que se atreven a cabalgar sobre velas de cera nacidas sobre las mesas artesanales de labores manuales.
Soplo repentino aliento un soplo; el viento apaga, ha apagado la pequeña llama que vivía allá arriba sin beneficio pero con oficio. El viento, su miramiento y su ética la ha anulado más la ha fulminado, de su cilíndrica cima la ha sacado; se la ha llevado a confines doquier; sin preguntas, sin respuestas, una vez más la exitosa, dudosa injusticia ha vuelto ha doblegar.



La vela embalsamada, envuelta en cera queda quieta, su cadáver sin luz difunde un desorbitado y disperso hilo señal de humo funeral; la llama ha desaparecido, lo sé, se ha ido; se fue, se fue..., lo estoy leyendo en este poema. ¡Se fue! ¡Marchó!, la canción aquella nos lo avisaba, nos lo estuvo avisando, pero no hacíamos caso alguno, omiso. Y la llamita, pobrecita, ya no está en este mundo que parece únicamente lleno de visiones que se ven.
¡La llama, estaba, aquí!, hace un momento decayendo, él pasó, él sopló y como experto arrasó. También la canción arrasó, pero no quisimos escuchar entre líneas, lo esencial por alto se nos pasó; nos fijamos en el resulta y do, en el éxito, en el exitoso resultado, fijados en la parte exterior de la canción.
¡Y ahora..., la pequeña llama ya no está!, se ha ido, se fue, se fue, la canción nos lo avisaba, la pequeña llama extinguida, su tiempo se acabó.
Y aún así el hacedor de velas de cera sigue con su artesanía en demasía, haciendo velas para que a su luz se pueda escribir; seguir escribiendo canciones venideras con o sin porvenir a las que no hagamos caso alguno; omitir advertencias secretas en mensajes mundanos demasiado terrestres. La canción, la letra, nos estuvo avisando, pero hubo comisión de omisión de atención, y la llama no volvió, quizá era su finalidad, quizá era inevitable, quizá era la fuerza de la transparente ventisca pasa y barre.
Sonriente en comisura evidente, con una sonrisa en su taller el hacedor de velas, en silencio vital y no sepulcral; entre sus manos fabricantes preparando un hogar para una cima y su llamita, y pueda vivir en su casita arriba.
Sobre un estante un transistor, una canción canta una canción que arrasa y avisa, y advierte.
El hacedor de velas y el reloj de la pared se miran; y antes de salir queda cerrada bien la ventana, no sea que un nuevo soplo vital éxito vuelva como si estuviese rabioso, y la exitosa injusticia dudosa vuelva arrasando y vendiendo éxitos y más éxitos huecos y terrestres éxitos que vuelan como líneas de humo fino y oloroso de velas que se fueron a un destierro hogareño, olvido y cajón.
Necesarias canciones terrestres.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Ha llegado....

 

Ha llegado el maestro Otoño alias Solsticio.
Camina un tanto lento, tiene aspecto de…, algo así como…., apático, casi apagado, algo decaído, pero también colmado.

Los árboles al verlo pasar se quedan quietos, y las hojas se arrodillan a sus pies y todas juntas van creando como una frágil alfombra para que pueda pasar el maestro otoño. Ofreciéndole un manto sostén, para que no sufra daño alguno en su trayecto descalzo, con la tierra agradecido.


miércoles, 23 de enero de 2013

Poema



El agua se hizo vaso, de lo alto apareció una huella dactilar dividida en surcos sedientos que tomaron con delicadeza al vaso, vuelto a convertir en agua que iba desapareciendo en medio de un oscuro desierto glandular de sed, mientras las pupilas volvían a estar preparadas para cuando fuese necesario volver a llorar.

viernes, 18 de enero de 2013

¡Ven conmigo! (Poema)




¡Ven conmigo! Acércate, ven sin miedo, ven.
Ves, aquí, donde tu vista contempla, había agua sobre el mar, el mar era invisible aunque se veían sus rizos queriendo viajar junto al viento. El viento era invisible; las aguas con ayuda del mar hablaban con él, lo cogían en brazos y jugaban a saltar y brincar. El viento y las aguas del mar danzaban hasta altas horas del día y la noche, y de la eternidad; simplemente, cada vez que lo deseaban; sin reparo alguno, jugaban.
El mar flotaba sobre el agua hecha de agua, también de otras miles de gotas de aguas, que atraídas por la celebración se apuntaban a semejante diversión; los mares y las aguas confraternizaban, viajaban por todo lugar donde se les diese acogida.
Pedían permiso a las embarcaciones de papel con chimeneas de juguete para hacerles compañía.