martes, 25 de enero de 2011

Allegro- Adagio-Allegro

Y llegué a su residencia, en la colina vivía. Y llamé a su Puerta, y me esperé, y de tanto hacerme esperar acabó por inventar la Paciencia, más allá de la mera ciencia… Y la Paciencia estaba tranquila, y entonces al verla así, me llegó la calma al alma… y esperé, no desde la esperanza, no desde esa esperanza inventada, fabricada por las ideas, ilusiones y expectativas, esperé desde el presente real y autentico, frío y duro que a veces maquillamos para hacer un poquito más cálido; tal cual la noche espera al día, y esperé tranquilamente con el alma en calma, cantando una canción que el viento puede llevarse a cualquier parte, como insinuándome que no me pertenece, diciéndome que cantar es regalar, y allí esperando sin esperar, sin saber a que me puede llevar la confianza, recordé al poeta chamán, que en su poesía decía aquello de, las flores de plástico no conocieron ni el frío ni la dureza de la tierra…                                                      

Olvida algunas ciertas cosas, deja de compararte a una hormiga. Conviértete en una hormiga, y no en un pedazo de hormigón. Es posible que el mundo sea muy grande, inmenso; pero también es posible que no lo sea tanto. Es posible que el mundo sea inmensamente pequeño, es posible que haya muchos lugares a los que no tengamos que viajar, muchas puertas a las que no tengamos ni debamos llamar, lugares a los que no tengamos que ir, y algunas muchas cosas que no se hayan de hacer, conversaciones a las que no hayamos de asistir, muchas cosas que no se hayan de saborear, muchas lecciones que no debamos aprender; lastres a los que no debamos adherirnos. Es posible que haya muchas cosas que no vayamos a aprender, muchas necesidades que no tengamos que necesitar, ni inventar. Deja de parecer frágil como una hormiga, convierte en frágil, igual que una hormiga, para poder ser más cuidadosa, cuidadoso; es posible que haya pequeños esfuerzos que si valgan la pena, que si valgan la alegría. Es posible que haya pequeños grandes detalles que tengamos y podamos disfrutar. Deja de compararte a una hormiga, es posible que haya otras capacidades por descubrir. Deja de compararte a una hormiga, es posible que hayamos de mirar por donde caminar para mirar donde podemos pisar. Es posible que no pienses  que hay muchos lugares por los que no puedes, no debes, no has de caminar.
¿Y si nos pisan?
¿Nos verán?
Conviértete en una hormiga, es posible que haya muchas otras cosas que no hayas de guardarte, que no hayas de acumular. Conviértete en una hormiga, es posible que el mundo entero sea un interminable camino sin señalizar. Conviértete en hormiga, puede que descubras que la tierra no entiende de Idiomas ni de religiones. Es posible que la vida sea un diminuto mapa que debamos de explorar con inmensa paciencia, pasito a pasito, detallito a detallito, calladita y calladito, escuchando con el otro oído. Con las antenas bien preparadas y desplegadas. Para captar eso que no se ve y que siempre está en vibración. Conviértete en hormiga y así ver que el avión humano puede expandir su tecnología tal cual se expande un insecticida.
Conviértete en una insignificativa, discreta y valiosa hormiga, para que puedas caminar tranquilamente y nadie tenga que pisarte. Conviértete en una hormiga, es posible que no sea necesario ni invadir ni conquistar a nadie.

… Estas fueron las cosas que me dijo el Duende de las Cosas y los Asuntos, después de hacerme pasar a su casa, allí arriba en la Colina.


      



lunes, 24 de enero de 2011

Una Pequeña Tarde como esta cualquiera

En este decaído atardecer, frío por el vientecito que deambula sin miramientos y bajito por pocos grados. Este cuerpo físico, que de préstamo temporal me ha sido concedido. No te espero, aunque esperándote quedo, a la espera de poder conocerte en alguna oportunidad que se nos presente, con un presente de estos de cada día, aun siendo en el futuro, llegue o no llegue, pero el mañana es el mañana.
Sé de buena tinta, lo sé que hace frío en medio de este atardecer que va decayendo, y yo en él espero sin esperar, más con los dedos fríos de teclear, pero aquí estoy, con este cuerpo prestado y a la vez concedido, regalo bien acogido.
Que siga la no espera, a la espera de en algún futuro presente, pasará ojalá, que podré contigo en un poco de tiempo compartido y en medio de esa dimensión temporal, quizás charlar, aunque sea para... ¡Hola! ¿ que tal estas? ¿te apetece conversar?
Cierro este poema, dejando abierta la puerta para entrar y salir al encuentro de esta oportuna espera que sabe esperar.

viernes, 21 de enero de 2011

Juegos de Estado

Justo a medio día, en el momento que el Santo Padre, San Pascual XXXVIII iba a comparecer en su balcón, para dirigirse a los ciudadanos que lo esperaban congregados en la plaza, su asistente personal entra en la estancia y susurra algo a su santidad, en ese momento, después de haber escuchado, puso cara de perplejidad, y dio un golpecito sobre la mesa, pero de tal manera que la aburrida tinta del tintero se derramó, sus blancas ropas se llenaron de caminitos y pequeñas lagunas de tinta azul que iban siendo absorbidas por esas telas que eran sus atuendos...
Todo ello originó que la comparecencia quedara como en suspenso, aplazada, como diciendo “Ahora estoy con ustedes, no se vayan.”

Faltaban escasas horas para que Pascual viajara a dos importantes lugares de una misma ciudad, a dos importantes templos, iba a ser una visita de apenas dos días. El objetivo era una catedral y un templo en construcción parcial, entre ambos había considerable distancia, éste último iba a ser declarado basílica. Todo estaba preparado, pero algo había ocurrido para que el santo padre de la santa paciencia se indignara, de aquella santa manera en sus santos aposentos.

Su asistente personal salió de la estancia con rostro de alivio, con cara de “ya he cumplido”; dentro se había quedado Pascual, pensativo y en cierta manera preocupado, una y otra vez susurraba “que no nos descubran...” ¿A que se estaría refiriendo este hombre, que de blanco vestía ?



El asistente bajó a las cocinas, pero había un pequeño detalle en él y era que iba mirando hacia atrás, como comprobando si alguien lo seguía o miraba, no nos extrañe además, que este hombre tuviese hambre y fuese a comer algo. Al entrar estaba el Maestro Cocinero, un hombre de cara redonda. Un hombre con una sonrisa de doble sentido.
Y efectivamente.... Mientras el asistente se preparaba un bocadillo de tortilla, Maestro Cocinero preguntaba con cierta actitud encubierta: “¿Se lo has dicho?”
Y el asistente respondía: “Si, ya lo sabe”. Respondía sin dejar de mirar al bocadillo que se estaba preparando. Hubiese podido mirar a los ojos de quien preguntaba, pero no, posiblemente ya habría confianza. En la cocina estaban solos, aunque había varios niveles y en cualquier momento podría entrar alguien. Incluso se decía que por allí podría haber aficionados a la escritura que buscaban información para escribir relatos e historias sobre el tema, con lo cual en la atmósfera reinaba una consigna, era la siguiente: “tengamos cuidado, no nos fiemos de nadie, y que la mano izquierda se desentienda de lo que hace la mano derecha, pero que el pie derecho y el pie izquierdo no se desentiendan. No vaya a ser que nos estrellemos.”



Muy lejos de allí, en una zona rural, había un grupo de personas de varias edades, estaban haciendo una caminata, una peregrinación, caminaban hacia algún recóndito lugar de peregrinación, de plegaria y recogimiento, algún santuario ubicado entre altas montañas. Como buscando una lejanía de las aglomeraciones, de las masificaciones. Aunque también cabría la posibilidad de que se estuviese fraguando algo a nivel de estado y que debía permanecer en secreto, fuera del alcance de cualquier fuente de información, aunque también es cierto que esto no estaba verificado ni contrastado.

Caminaban con tranquilidad, sin prisas. No había nada extraño en el grupo, ni nada aparentemente sospechoso. Uno de los peregrinos miró un mapa y seguidamente avisó, más bien advirtió, al resto, para que en el próximo cruce tomar el camino orientado a la puesta de Sol. Continuaron caminando y llegaron a un albergue. Allí se quedaron a dormir. Pero antes, durante la cena, sucedió algo aparentemente insignificante y normal. Alguien del grupo que iba más retrasado, al entrar al comedor de la casa, en lugar de sentarse y comer algo... ¡pues no! ¿que hizo pues? se acercó a uno de los peregrinos y con el brazo le hizo una señal, los demás acompañantes del grupo se comportaron con aparente naturalidad; ambos salieron al exterior, caminaban en paralelo por la explanada que había a la entrada del albergue y mientras caminaban hablaban de algo: “Padre Pascual, hemos avisado a su suplente de que todo el plan sigue igual: suplantarle en las dos visitas oficiales, pero cuando se le ha dicho que deberá hacerlo por más tiempo, hasta nueva orden, no le ha hecho mucha gracia, pero al final lo ha comprendido. Le hemos explicado que hasta que lleguemos al santuario, usted va a colaborar como misionero, de incógnito, durante varias semanas. El otro Pascual, le transmite apoyo moral para que pueda ejercer su ministerio con prosperidad y en el anonimato. ¿Quiere que le enviemos algún mensaje más?”. Y siguieron hablando... esta escena no fue vista por nadie, salvo que alguien estuvo mirando lo ocurrido, una persona había retirado la cortinilla de una de las ventanas y estuvo mirando, pero no ocurrió nada más, tan solo que alguien que estaba en el comedor se levantó y con una discreta autoridad pidió a aquella persona que dejase de mirar...
Esa era la conversación que se produjo allí, como si fuesen dos cuñados que han salido de excursión con la familia, y comentan algún simpático suceso, sin más. Mientras sus esposas sentadas en la mesa, piden unos platos de macarrones “ A la estupenda”, el plato típico del establecimiento.



Mientras tanto mientras, muy lejos de allí, en plena civilización socio-eclesiástica, Maestro Cocinero dijo al asistente del Santo Padre: “Pues hay nuevas novedades, deberás subir a la estancia del santo padre y ponerlas en su conocimiento”...
Y seguidamente comenzó a susurrarselas, como si estos asuntos no fuesen de nuestra incumbencia, después Maestro Cocinero accedió a la lavandería contigua y a la mujer de mediana edad con atuendos propios de religiosa que laboraba allí entre servilletas, mantelerias, y otras cosas parecidas, le dijo “¡Jefa! el plan sigue adelante, todo bien”. La mujer asintió; con el dedo pulgar, orientado hacia arriba, en dirección a las tejas, haciendo una señal de afirmación y satisfacción. Pero sin entretenerse en ello.




Pascual XXXVIII ya había terminado su comparecencia correspondiente, ante todas las gentes en su famoso balcón. En ese momento entró nuevamente el asistente personal, portador de novedades, se le acercó para no tener que levantar la voz y le explicó: “Pascual, ya sabe usted que el Santo Padre está en una peregrinación de incógnito, para que ningún periodista ni televisión, ni ciudadano lo descubra, y tal como se planeó, usted debe seguir actuando con naturalidad para que todas las televisiones y periodistas se centren en usted, las ultimas indicaciones recibidas son que deberá entrevistarse con un hombre de estado, exactamente un presidente. Al parecer el santo padre quiere realizar un viaje que le permita conocer los problemas reales de las gentes e intentar conseguir o aportar ayudas; ya sabe usted las dificultades morales y de conciencia que hay en esta santa sede para utilizar sus propias Arcas.
El santo padre le pide paciencia. Pascual le envía ánimo para usted y que todo salga bien”

Pascual XXXVIII, al escuchar estas novedades del otro Pascual Peregrinando de Incógnito, sonrió con cierta resignación y dijo: “Está bien, está bien, de todas formas ya me estaba acostumbrando, supongo que algún día podre volver a dar clases en la facultad de teología, sin que nadie haga público todo esto.”
En ese momento, mientras el asistente se retiraba, retrocedió debido a que estaba siendo llamado, se acercó de nuevo a Pascual, y el asistente recibió una interesante pregunta: “¿Cree usted que esta santa sede siempre ha sufrido el Complejo... o Síndrome de Los Faraones que eran enterrados con sus riquezas en sus Pirámides?” Y ante aquella pregunta y reflexión papal, el asistente abandonó la estancia, mas no supo que responder.



Y por fin todo salió como estaba previsto que ocurriera, Pascual XXXVIII circulaba con su vehículo especial anti-tomates, por las calles, activando todos esos mecanismos de aceptación, de rechazo. La inmensa mayoría de televisiones y periodistas entraron en el útil juego, todos los medios informativos fueron movilizados. También entraron a participar en el juego, todas las formas de oposición a este evento, ciudadanos crispados. Políticos. Colectivos de diversa índole, organizando también sus propios actos, tanto de bienvenida, como de rechazo, de reconocimiento y protesta. Entre todos, jugando y dando forma al mismo juego pero de diferente manera. Como participando del mismo pastel con diferentes intenciones y direcciones, diferentes atuendos, diferentes intereses. Como si aquel pastel fuese un denominador común o eje.

Mientras tanto, mientras la gran mayoría se sometían por la vía de la rebeldía unos y unas y por la vía de la sumisión otros y otras a todo este juego, con más o menos iniciativa propia y consciencia,
Pascual, y su discreto equipo pudieron adentrarse, sin invadir y con respeto, en los problemas de las gentes que iban encontrando, de una manera más tranquila y sin afán de querer llamar la atención ni hacer espectáculo. Para así poder tener un conocimiento sobre la realidad, de necesidades básicas de todas esas personas que iban encontrando por el camino, pudieron topar con el hambre y la miseria, también quisieron comprobar las graves carencias, y el estado de recursos naturales, agrícolas... También todo lo que iba bien y funcionaba.
Y lograron que ningún medio de comunicación descubriese nada de aquello.

Y estando una tarde, Pascual y su séquito, ayudando a un grupo de personas en un horno de pan obrando y enseñando a otras tantas gentes, se le acercó una mujer de mediana edad... una mujer muy parecida a la que había estado mirando por la ventana en el albergue... no descartemos que fuese la misma persona, por poder podría serlo.

En un descanso, la mujer le preguntaba a Pascual, sin que sospechase nada de la verdadera identidad de aquel peregrino, voluntario.... ¡O quizá si que sabía algo!: Porqué el parecido era considerable aunque al mismo tiempo, bien disimulado, con ciertos postizos... “¿Cree usted que el Santo Padre vive en una especie de Pirámide, curiosamente símbolo de la jerarquía, como una especie de Faraón, rodeado de su séquito y servidumbre y... riquezas, y tesoros, sólo para él y su séquito?”

A lo que ese peculiar peregrino respondió: “ Su pregunta me resulta familiar, como si ya la hubiese oído... Es posible que eso es tan solo un reflejo de como está funcionando la sociedad, porqué al igual que esa santa sede que usted dice, la sociedad también acumula riqueza para banalidades y no banalidades, a través de organizaciones políticas y organizaciones sociales y deportivas, y empresariales de diversa índole...y es que sospecho, aunque no estoy seguro, que todo ello está entrelazado” Pero hubo un momento, en que ese hombre peregrino, evitó continuar hablando, se le veía apurado sin saber como salir airoso de una evidencia tan real, y como era también un gran político, adiestrado en diplomacia y habilidades sociales, pudo con alguna dificultad huir de la conversación de modo victorioso.

Tras unos minutos de silencio y miradas más o menos perdidas en el horizonte, ese hombre volvió a decir algo y buscando con la mirada a la mujer: “¡Todo esto que hemos hablado!” “¿A quien le interesa?”
A lo que la mujer respondió: “¡Lo ignoro! ¡Pero la misma sociedad crea sus propias distracciones para que podamos mirar a otro lado!”

“¡Señora! Para mí, ver lo que está pasando, entre tanto ruido, a veces me resulta agotador ”
“¡ Señor, hoy por hoy, es lo que hay!”

Y ahí, justo en ese momento, la señora se levantó y regresó junto a las gentes que estaban obrando para hacer Pan.


viernes, 14 de enero de 2011

Selmo

En la guardilla de la casa tenían las palomas, todo estaba bastante dejado y sucio, las aves estaban ahí, de cualquier manera, no había demasiada higiene. El olor no era el más adecuado.
Selmo tenía la mente de un niño, pasaba de los cuarenta. Su padre lo dejaba horas encerrado en lo alto, junto a las palomas, él no podía hacer nada más que sufrir esa humillación por parte de aquel hombre padre, siempre en compañía de gente de mal y de peor. Selmo, ni siquiera sabía lo que era bien bien lo que era una humillación.
Selmo había sufrido un ataque por falta de medicación, los golpes que había propinado a las jaulas abrieron las puertas y las palomas enloquecían por la diminuta estancia.
El hombre estaba sentado sobre una cama, sus gritos eran desgarradores, su llanto era puro y crudo, tenía las piernas cruzadas y con las manos sujetaba la parte superior del cadáver de su madre, fallecida desde unas ocho horas. Con la parte superior de su cuerpo se balanceaba, se impulsaba hacia delante, en una danza para difuntos, las mucosidades y las babas caían sobre el rostro pálido del cadáver, no dejaba de repetir ¡Mamá, que te pasa! Una y otra vez. Entre la respiración asfixiada por el impulso rabioso de tristeza, sus lágrimas, sus gritos, sus ojos fuertemente apretados que se abrían y volvían a cerrar con fuerza, mientras lloraba desconsolado sin que nadie a su lado lo consolara y ayudara a vivir ese duelo, muy incomprensible para su poca capacidad mental; allí en medio estaba su limitada inteligencia, su duelo... De vez en cuando con el dorso de la mano se enjuagaba los fluidos que colgaban de su nariz, de sus labios; sus ojos llorosos resbalaban sobre su infantil y adulto rostro, repitiendo una y otra vez ¡Mamá, que te pasa! Apenas podía acabar la frase. El cadáver que sostenía inútilmente flotaba fríamente entre heces de paloma y el canturreo de palomos que no sabían donde colocarse e iban probando aquí y allá, y los fuertes brazos de un hijo muy alejado de un hombre que debería ser su padre, ser un padre que no hubiese dado lugar a toda aquella angustiante situación. Mientras tanto las palomas revoloteaban asustadas, por la crudeza de esa danza fúnebre de un hijo que no sabía desprenderse del cuerpo sin vida de su mamá, sentado él sobre una estúpida cama repleta de diminutas heces de paloma, de plumas pequeñas. Allí llorando, allí sufriendo, allí gritando.

Tiempo pasó que... Una Tía de Selmo consiguió rescatarlo de la reclusión estatal, de la tutela del estado. La casa fue vendida. Poco antes la policía logró rescatar a su padre de sus secuestradores, se pudo averiguar que se trataba de una especie ajuste de cuentas frustrado por la policía. Pero un juez determinó graves imprudencias y descuidos por parte del padre de Selmo...

A Margarita y a su marido Eduardo les concedieron la custodia de Selmo, aquello significaría otros amores, otros aires, otros reconocimientos, otros cariños. Otras atenciones. Poco después, las investigaciones policiales lograrían averiguar que ocurrió en aquel drama.
Selmo ya no volvería a tener relación directa con su padre, ya no volvería a inquietarse ante la estampa de aquel individuo, que entre otras cosas, tuvo el brutal valor de pedir a otro individuo, que acompañase a su mujer en el parto de Selmo, mientras el padre se preocupaba en fijar unos maderos en las patas delanteras de sus caballos, para que no avanzaran más de la cuenta...

jueves, 13 de enero de 2011

Conferencia a Media Tarde

Mientras el Sol va decayendo, voy avanzando hacia la esperada conferencia. ¡Que interesante debe ser!....El tema era: El aburrimiento...
Tomo asiento. Allí enfrente, tras la mesa una persona habla. En pocos minutos noto una pesadez. Me estoy aburriendo, conozco los síntomas, he de salir de aquí... Cuanto antes mejor.

Venciendo la gran timidez salgo de la sala,, salgo a la calle.¡Aire Fresco!
El viento me acaricia el rostro, me despejo. La cabeza se esclarece.
Intentaré no volver más a este tipo de conferencias”. Piensa el pensamiento.
Y me alejo por la ciudad, caminando por sus calles, con residuos de una pequeña crisis de aburrimiento que poco a poco se desvanece. Una crisis aburrida de tanto aburrir.

Cierto Dia (Poema)

No sé cual…, pero cierto día…
Estaba la lluvia mojada y sin paraguas. Eso fue cierto día.
Cierto día el camino estaba lleno de barro, con surcos.
Ese día, fue cierto día que los rebaños no salieron.
Los espantapájaros se han mojado en medio del campo.
Cierto día los espantapájaros se quedarán tiesos de frío.
Ya no temblarán. No dirán nada, ¿cierto día hablarán?

Cierto día, las curvas del camino se llenarán de arbustos y hierbas malas.
Cierto, las malas hierbas crecen aunque no llueva cierto día.
Hay un Sol naciente ahí enfrente, muy cierto, es de día.
Un camino viene caminando por el este, está vacío, lleno de malas hierbas…. Cierto, cierto día se llenará de caminantes…. ¿Caminantes respetuosos?
Los caminos nunca quieren adueñarse del caminante…
¡Cierto! ¡Cierto día llegará!
¿El qué? …
¿Los caminantes apropiándose del camino?

domingo, 9 de enero de 2011

La Cortina Delgada (Poema)

La abuela, con problemas para levantarse de las profundidades del fofo sofá, se esfuerza ayudada por una sonrisa de las muchas que nacen de su arrugado rostro, buenamente lo va intentando, como puede, resoplando, intenta incorporarse, los brazos hacia delante, queriéndose coger, aunque fuese a una pata de madera, hace fuerza, quiere salir del atolladero, la mujer sigue en apuros, ¡Eso parece! aunque se lo toma un poco en broma. No se desmorona ni abandona. Insiste, no quiere sentarse.

En aquel momento…
De la segunda planta Evaristo baja, es uno de sus sobrinos…A la abuela ha visto.
En poco después la mujer estaba liberada de las seducciones inofensivas del sofá.

La abuela vieja ella, se acercó a la ventana, a mirar el jardín, ahí fuera, donde estaba la familia.
La mujer no quería salir sin antes ponerse un abrigo, aseguraba que no estaba para coger catarros. Decía tener miedo de un catarro conseguir.

Ahí afuera, por ahí, estaba su nieto, el más pequeño, completamente ausente, absorto en su mundo, jugando con un artilugio, muy paciente.

Lo intentaba desmontar, estaba sentado sobre el césped, él y el juguete eran una misma cosa, solo existía el jugar.

Al parecer la abuela tenía preparados unos pastelillos, de los de chuparse los dedillos, pero algo frenaba a la abuela de llamar a su nieto. Parecía como si no quisiera interrumpir ese momento de entrega con el juguete, del chiquillo.

La abuela estaba mirando por la ventana, desde dentro retiraba la fina cortina de color blanco finito, junto al sofá del salón de la casa, por la ventana miraba, cuidadosamente y con visible alegría disfrutaba del niñito.

Dejó de sostener la cortina y dejó de ver a su familia, quiso esperar, mas no quiso interferir en el juego de la criatura… Pero esa vez se sentó en una silla, no cometió el error de volver al sofá fofo y cómodo de grande pesadilla.

Poco después, el niño por sí solo abandonó el jugar que salía de sus manos pequeñas e investigadoras llenas de curiosidad, se acercó a la ventana, la abuela lo vio allí esperando y la abrió, y recibió de una agradecida voz suave e infantil: “¡Abuela, tengo hambre!”

Poco después al niño se le veía caminar por el jardín con su familia, mientras que con una mano sujetaba una pastelito, no se le caía, lo sujetaba con cierta seguridad. Poco después se lo comió, y al parecer fue y pidió otro, donde sabía que los daba la abuela. Y volvió a salir al jardín con un pastelillo de los de masticar.

sábado, 8 de enero de 2011

Las Velas de Cera

Acaban de encenderse, acaban de iluminar el miedo en medio del pasillo a oscuras.


Acaban de apagarse humeando, la llamita se ha ido desaparecida, nadie sabe donde está la pequeña llama de color fuego.


Acaban de guardarse en la negrura de un cajón lleno de cosas que hay en su interior, hasta la vez próxima vez.


Acaba de fugarse el miedo del pasillo de siempre, allí con luz recién llegada, recién nacida


Y a alguien oí decir que sin luz no hay colores, que los colores existen cuando les da la luz.

lunes, 3 de enero de 2011

Cosme, el Viejo Sindicalista

El puño anciano y arrugado del viejo activista se había erigido tantas veces como veces había llovido, erigido en nombre de sus ideales, buscando y señalando las injusticias de su mundo laboral, un puño incapaz de tender una mano sin mirar antes a quien, incapaz de abrir una mano con neutralidad, su puño cerrado de rabia, una rabia exigente, que lo bajaba para verse un obrero ofuscado y sentirse acorralado, con una causa en que proyectarse y motivarse. Un puño lleno de argumentos como líder de sindicato, de voz cantante.

Cosme se había pasado toda su vida pidiendo mejoras, pidiendo libertad, solamente él sabría si lo exigía porqué en su interior no había ni una cosa ni otra… Fuera posible que buscase fuera lo que no tenía en su interior. O que exigiese al exterior lo que dibujaba en su interior…

Pero un día murió. Y fue enterrado. No pudo morir de una manera sencilla y natural. Su vida no había sido sencilla y natural, su estomago había estado siempre rabiando por las injusticias que lo afectaron. Una sutil y escondida rabia hacia quienes lo oprimían.
Murió de enfermedad, murió con la ayuda de sedantes. De sustancias que no dejan al cerebro sentir el dolor de una enfermedad. Que no dejan expresar, manifestar las consecuencias, el sufrimiento de la enfermedad. Durante el ritual mortuorio, sus creyentes le ofrecieron una falsa fiesta triste, un homenaje pomposo, vestido de resignación y orgullo obrero y sindical.
Voluntaria o Involuntariamente se convirtió o fue convertido en un maestro que no supo o no quiso entender aquella infravalorada ley que dice: “Unos ven las cosas únicamente desde sus intereses o punto de vista, no pueden hacerlo de otra forma. Hay otros que ven las cosas desde varios enfoques o puntos de vista, o perspectivas. Y luego están quienes tienen visión holistica y ven, valoran alternativas, ven cada situación tal cual es, sin intereses personales.”

Alguien se alegró de la muerte del viejo Cosme, pero de cara a los demás no debía ni podía expresarlo, le convenía tener una actitud un poco falsa o hipócrita, era su nieto Lucas, él no debía decir que sentía una liberación, aunque también en cierto modo estaba algo triste, al fin y al cabo era su abuelo, su represor abuelo, su censurador personal y familiar. El viejo dictador de puertas adentro, nunca aceptó del todo a su nieto Lucas, la relación de nieto abuelo era frecuentemente una trampa, una encerrona para el joven, que nunca quiso vivir sometido a ideales ni dogmas, ni sistemas sociales ni sindicales, ese abuelo, intentó llevar a su nieto por el camino que no era. Y nunca se dio cuenta de ello.

A Lucas no le dejaron dedicarse a lo que más le gustaba, Inventar y Crear, siempre buscaba como ayudar a los demás con artilugios o cualquier cosa que solventara problemas. A veces colaboraba, compartiendo geniales ideas. Dibujaba proyectos, esbozos de cualquier mecanismo o artilugio que crease un beneficio o ayuda a cualquiera.
Y ahora que su abuelo había desaparecido para siempre se sintió libre, pero… ¿del todo? ¿Podría ser que el abuelo viviese dentro de su cabeza y desde allí, en forma de prejuicios y creencias influyera en él?

Lucas ya tenía ganas de ir al peluquero, ya era hora… Accedió al local, se sentó a la espera de que un cliente acabase.
Allí sentado presenció algo que lo gratificó, algo muy parecido a la vida que llevó su abuelo.
Había una jaula sobre una mesa, junto a la entrada al local, la puertecita abierta. En el interior un pajarito, gracioso aunque no supiera reír, un pajarito cantor o algo parecido, pero lo que pareció atraer y gustar a Lucas era que la puerta de la jaula estaba abierta, el animal salía, subía a la jaula, segundos después volaba por el local, y paraba donde fuese. Aquí y allá volaba, vuelos cortos por dentro de la peluquería. Y salía de la jaula y nunca abandonaba el local, nunca. Era un pájaro prisionero pero creía ser libre. No se atrevía a salir a la calle, o no sabía salir afuera, a cielo abierto, no hubiese sobrevivido sin que alguna mano lo hubiera alimentado, era el precio a pagar por esa libertad de juguete y entretenimiento.

Y Lucas miraba con una sonrisa de simpatía, y debió pensar,” mi abuelo también creyó ser libre, viviendo dentro de una libertad acotada y con puertas por las que no había de cruzar ni pasar, pero este animalito en cambio no esta resignado ni rabioso, esta feliz.”

domingo, 2 de enero de 2011

¡Chaf! ¡Chaf!

Un niño pequeño llora. Está sentado en el suelo. Sus cabellos desordenados. Esa criatura llora: “Tengo hambre”
Una Cazuela llena de comida. Humeante. Recién cocinada. La criatura llora. La criatura llora: “Tengo Hambre”
La comida va cayendo sobre el plato.
Allí mismo ¡Chaf Chaf!

Cafe para Brindar

Ederico estaba enjuagando unos vasos que le habían quedado de la noche anterior, en la que hubo un encuentro de aficionados a las sopas de letras y que celebraban que habían creado un club social de hacedores de juegos de esos, en que los nombres parecen una cosa que no es.
Estando él en tal menester, entró al local Anuel y su cuñado Avier, debido a que aun era la hora esa que se denomina de sobremesa se pidieron pues un café. Así fueron servidos, que los tres conversaban de asuntos y cosas importantes para ellos.
Poco después entró en el local Edro, un vecino que casi siempre decía que le hubiese gustado mucho modificar su nombre, y en general los nombres de la gente; de hecho este hombre era coleccionista de nombres de pila, tenía una especie de registro. Tenía dos listas, en una el nombre oficial y al lado el nombre modificado, al parecer era un apasionado de esta curiosa cosa.
Entonces Edro pidió también un café, y los cuatro iban tomando sorbos de café e iban hablando tranquilamente de esas cosas también importantes para ellos. Como ninguno fumaba, pues no había humo en el local. ¡Es Normal!
Unos minutos más tarde entró en el Bar, Zequiel y su hermano Rancisco eran gemelos pero no idénticos. Y se sumaron a la conversación habiendo pedido cada uno un café también.
Más tarde entraron en el local Aría y su hermana Sabel, estas hermanas se dedicaban a la sastrería y costura, trabajaban muy bien. Eran artesanas de la confección. Por sus caras les gustaba lo que hacían.¡Esto también es normal! ¡Es normal!

Pero hubo un momento en que el dueño del bar se fijó en algo, de tal modo que miraba atentamente a Anuel, algo tocó a las puertas de su atención y entonces: “¡Anuel, estas muy callado! ¿Ocurre algo?” A su lado estaba su cuñado y como con la mirada ya pagaba, dio a entender o a intuir algo, y Anuel habló en forma de poema a sus amistades que estaban allí charlando... miró a los congregados que ya esperaban en silencio y así recitó:

“¡Hoy es un día importante, especial, para mí!
¡Pues me acaba de dejar mi novia, ayer estaba y hoy no, ¿donde están ahora los recuerdos y sensaciones? Ella acaba de irse, una herida sana acaba de abrirse, habré de vivirla, no hay más remedio, pues hoy es... ¡Un día importante para mí! ¡Amigos mío, brindemos, para aprender a iniciar relaciones! ¡Brindemos para aprender a finalizar relaciones! ¡Que reine la naturalidad también en estas cosas de la vida!“

Y aquellas gentes de aquel Bar, allí charlando, allí conversando, estuvieron con café sonriendo y brindando. Muy posiblemente por las cosas importantes de la vida, del oficio del vivir.