Bajó
al pequeño colmado de la esquina, a pocos pasos. Entró.
La
señora, tras el mostrador. Al verlo entrar le formuló la pregunta
crucial…
“¿Qué
te pongo?”
“¡Póngame
un tarro de miel, de esos de medio kilo!”
“Muy
bien…” La señora Valeriana procedió
El
joven iba a pagar, así que sacó del otro bolsillo unas monedas:
“Cuando se acabe la miel, lavaré bien el bote y meteré unos
billetes que tengo sobre la mesa, puestos de cualquier manera, sabe
usted.”
“O
sea, que lo utilizarás como una hucha.”
“Eso
es, algo así como una caja de ahorros, pero transparente.”
“Bien
hecho muchacho.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario