jueves, 26 de septiembre de 2013

Abajo la tierra....

Abajo la tierra, el camino sube y se hace cuesta arriba, en la transpiración corporal la bicicleta vital no tiene para más; las aspiraciones aún más buscando más, inventando escalones e inventos listones.
Quieta, mirando a todo lugar; girando y girando no se detenga, quieta girando la tierra, no te pares; planeta derviche maestro, el cielo como al acecho.
Arriba el cielo junto a un ave, criatura terrenal de la tierra, aposentado pájaro sobre un tronco, en una rama planetaria, casado con la vida el tronco en simbiosis conyugal.
Por ahí va mirando con el pico cerrado un ave oteando arriba en el cielo atmosférico; las hojas de madres arboledas marchan de la mano de una ráfaga que lleva miles de invisibles partículas. Las hojas van correteando metiéndose en remolinos chocando contra muros de endeble y temible papel administrativo e indiferente pared; empero el viento permanece inquieto suave y cuando quiere fiero se queda, y las hojas folios papeles escritos marchan y marchan una y otra vez en frágil estampida, empero el viento aquí queda atrapado libremente en el mundo excepto en algún recoveco dando vueltas en círculo cerrado pequeño remolino inofensivo fenómeno que los niños y las niñas no aprenden a observar.
La noche se despierta a la luz de la luna, peregrina joven anciana juventud. Brillo reflejo, espejo abajo en una charca que la lluvia olvidó, la otra tarde se la dejó.
El ritmo se desliza por un arroyo caudal y vital; y cada mito contando su historia, a veces creada por la historia del mito.

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