viernes, 25 de julio de 2014

Si yo...

Si tuviese un perro me parece que lo llamaría Mantel pues suena bien y también suena a don Manuel, emérito políglota sobre una cátedra hecha con buenas maderas llamadas nobles ahí sentado hablador de lenguas literarias fuese quizá un tal don Manuel; y lo mismo suena a doña Isabel, la tiradora honesta de cartas, mujer honrada que siempre renunció a utilizar en sus consultas, y más con las cartas ya boca arrima evitó usar vacíos e ingeniosos adornos lingüísticos, espumas con deslumbramientos, y las inofensivas y temibles perogrulladas. Ah, si tuviese un…Mantel lo llamaría.

Pero tener un perro suena también a cenas de memoria, a ficción hecha cinematógrafo; suena a idea poco probable en suceder.
Pues al parecer suena a agua de borrajas.
¡Si tuviese un perro llamado Mantel…., ah, a cuantos lugares comárcales y provinciales y regionales, de paseo, de caminata, con o sin vara, con o sin cayado, con o sin estaca me iría con él!

Mantel.
Ladrido tirando entre grave y agudo.
Cuadrúpedo robusto y despierto, de color blanco con manchas negras como una vaca de granja o de monte inclinado mirando al río, ahí abajo, cerca de la vieja presa esa donde algo de rastro deja el camino desfigurado; a esa presa, esa a la que ya nadie, ni siquiera el viejo ocioso nadie va ni se acerca ni pasea para allá; las autoridades olvidada la tienen, así está…, que ni en los periódicos locales..., ni mu.

Mantel.
Perro alegre si lo fuese, y vivaz; y caminante y trotador, y animoso de paseos.
Paseos para acá, donde el aliento expande sus alas transparentes que levantan aromas entre polvaredas familiares de viejas tierras que se negaron a abandonar a sus primos hermanos los caminos.
Y con Mantel, por las tardes, ya de vuelta, al regresar, al animal lo miraría, y con un ademán gesto amistoso lo invitaría al cuadrúpedo fiel, a que viniese hacia aquí al camino, el fisípedo caminador…; así hiciese si así fuese, si tuviese un perro al que llamaría Mantel que al parecer escrito está que suena muy bien.