El
agua se hizo vaso, de lo alto apareció una huella dactilar dividida
en surcos sedientos que tomaron con delicadeza al vaso, vuelto a
convertir en agua que iba desapareciendo en medio de un oscuro
desierto glandular de sed, mientras las pupilas volvían a estar
preparadas para cuando fuese necesario volver a llorar.
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