Un pequeño cuadernillo de páginas en blanco a la espera.
Sus blancas páginas están siendo cargadas e invadidas.
Letras y palabras, ideas y más ideas.
Este poema intruso invade sus páginas.
Llegó pues una pluma inyectada, borracha, en tanta tinta tonta sagrada… y empezó a cargar de poema y más poema su rostro blanco.
El mundo del cuadernillo fue invadido. Extraños abecedarios formando ejércitos en líneas e hileras. A las órdenes de alguien estaban.
¿Qué hace aquí este poema?
¿Quién le ha dado permiso a usted para invadirme con sus escrituras?
Váyase, váyase, déjeme en paz. Soy un cuadernillo sin ego, y quiero seguir así. Deje de utilizarme para plasmar en mi rostro pálido, su poema.
Váyase, váyase, con sus rimas a otra parte, váyase.