El sol asoma por
las rendijas habitantes en la ventana de una nueva jornada; me
incorporo ante el nuevo día que se inició en un lugar que al
amanecer llaman alba. Me incorporo ante una nueva oportunidad que me
envuelve con travesaños de experiencia, y se me quedan mirando los
ojos de la realidad quedan mirando quizá esperando. Ante ella
despierto de un sueño dejado atrás; y entonces pienso:
¿Hoy, qué me
pongo? Y voy despertando ante la realidad que me mira atenta.
Tomo un poco de
asiento del que hay en una silla junto a una mesa, miro a la magia
del despertar, y otra vez: ¿Hoy qué me pongo?
¿¡Me pongo…!?
A…, a… escribir unas líneas, he cambiado de idea por otra idea,
algo indeciso pensaba, apenas ha amanecido.
Sí, podría
ponerme a ello, semejante acto sería tal vez bello entre los últimos
restos del sueño que se van diluyendo ante las fuerzas vigilias,
ponerme a escribir, ergo en breve estaré más despierto pues.
Tengo este poema
inacabándose, empero podría concluirlo ponerle fin, quizá me
queden dos versos, quizá alguno más tres…, hay cosas que no se
sabe cómo acabarán pero sí empiezan.
¿Me pongo a ello?
Sí, tal vez, sí, estará bien ponerse a.
Tomo un poco más
de asiento del que hay en la silla, me situaré allá en el rincón
con gafas de arquitecto de la habitación, bajo el cuadro que habla
en color vario, donde la ventana deja asomar al curioso día, el
mismo que en más o menos breve marchará, sí, y tímida la noche se
pondrá tras el sol, le dejará sitio, será luego, cuando los
pájaros manden y lo digan, lo anuncien, siempre extraoficialmente,
con melodías de monosílabos, como cada orificio de una flauta
descendiente de un árbol al que ahorcaron para poder hacer cosas y
muchas más otras tantas, como una flauta que sabe nada de cantos ni
de músicas, nada de nada sabe.
Me pongo… a
escribir pues que así sea, a continuar esta historia, ésta.
Contada bajo la
techumbre o quizá bajo la máscara de un cuento, bajo la jornada,
bajo el vuelo de la acompañada gaviota quizá con pata de pato, bajo
la brisa que alisa las nubes lentas en procesión sin meta y allende
vayan tomando buena dirección, las nubes no beben mate pero riegan
el campo y el pájaro procura resguardo.
Me pongo con estas
líneas que no saben por sí solas cómo arreglárselas ni
componérselas; bajo ésta, esta mañana, acabada de presentarse,
reciente, hace poco que sucedió tal apenas ha amanecido que el sol
ha salido por donde siempre, ¡qué manía!.
Me pongo a estas
líneas serles útil, que necesitan de alguien que las ponga en
pentagrama, en vereda, en forma para que tengan sentido, alguien que
les dé sentido y sensibilidad; ellas por sí solas no...
No pueden, no
saben, me pongo a pensar.
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