lunes, 28 de febrero de 2011

Telefónicamente Hablando....

Leonor estaba llorando por cosas de aquellas cebollas que estaba desnudando. Segundos después... en el salón suena el teléfono, allí, como siempre, sujeto a la pared.

Riiiing Riiiing Riiiing
¡Dígame!”
(…)
Hola, Ramona”
(..)
Pues yo estoy bien. ¿Y tu?”
(…)
¡Vaya, me sabe mal!”
(...)
Sí, el hijo de la vecina está igual. No quiere estudiar”
(…)
Cierto, cierto, este chico también dice eso, estudiar es un rollo.”
(…)
Probad de ir al Psicólogo”
(…)
¿Y que os ha dicho?”
(…)
¡¡Queee!!
(…)
¡Sí, claro!”
(…)
Pues, yo también estoy de acuerdo”!
(…)
Al final ...”
(…)
No, que te decía que...”
(…)
¡Claro, es lo que te quería decir, no todos, pero hay profesionales que dicen barbaridades, y al final tu hijo va a estar en lo cierto, que esos profesionales, cuando eran estudiantes, en su formación, se sentirían igual que tu hijo ahora, y verían que estudiar era un rollo, pero en lugar de rebelarse y hacer cosas que les hiciesen sentirse bien consigo mismos y los demás, pues siguieron estudiando, aunque estudiar les representara un rollo...
(…)
... Y así están trabajando y diciendo o haciendo barbaridades, y lo peor es ese arrogante orgullo profesional”
(…)
Bueno, te tengo que dejar, mañana nos vemos”
(…)
Un abrazo”

Fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin

miércoles, 23 de febrero de 2011

Todo eso, también es belleza ( Poema )

¿Qué hace este niñito tan guapito, aquí sentadito, con la boquita cerradita, durmiendo la siestecita?

Su carita es redondita, su mamá confiada y sonriente, alegre, en ver a la criaturita dormir confiadamente. Bajo nuestro cielo prestado para todas y todos.
Los ojos ojitos cerraditos, bien cerrados, duermen descansando, el bebé  suspira sin prisas, en medio de ese medio vital, ahí vive y crece.

Los adultos distantes y distados, en sus interesantes y atractivas complicaciones. Admirando con recelo a quienes no aprendieron a complicarse.
De lana es el gorrito, de esa maravillosa cabezita de todavía poco cabello, y todo eso es también bello.

… y para bien o para mal, pronto, con los años, llegará la escuela de las mentiras.

Pero la belleza seguirá ahí…para quien quiera mirarla en silencio, sin pretender venderla… sin pretender…

lunes, 21 de febrero de 2011

Cierto Dia

Cierto día... No sé cual....Estaba la lluvia mojada y sin paraguas. Eso fue cierto día.
Cierto día el camino estaba lleno de barro, con surcos.
Ese día, fue cierto día que los rebaños no salieron.
Los espantapájaros se han mojado en medio del campo.
Cierto día los espantapájaros se quedarán tiesos de frío.
Ya no temblarán. No dirán nada, ¿cierto día hablarán?

Cierto día, las curvas del camino se llenarán de arbustos y hierbas malas.
Cierto, las malas hierbas crecen aunque no llueva cierto día.
Hay un Sol naciente ahí enfrente, muy cierto, es de día.
Un camino viene caminando por el este, está vacío, lleno de malas hierbas…. Cierto, cierto día se llenará de caminantes…. Caminantes respetuosos.
Los caminos nunca quieren adueñarse del caminante…
¡Cierto! ¡Cierto día llegará!
¿El qué? …
Los caminantes apropiándose del camino. Los cercados y vallas lo verán.

lunes, 14 de febrero de 2011

Historia o Ruinas

A ambos margenes de la carretera local, con algún que otro bache, lo único que se ve es campo y más campo con sus silenciosas ondulaciones sobre las que vuelan y aletean pájaros y mariposas, moscas y demás insectos.
La carretera une dos poblaciones de poca gente... En aquella zona, con frecuencia se extiende el aroma de los excrementos de cerdo; dependiendo de la dirección del viento y él sabe por donde debe ir, él va allí, sin más. Estos animales no, no pueden campar a sus anchas, no los dejan.

En un tramo con curva y poco después de rebasar una construcción para proteger fardos de paja de la lluvia, existe un camino artificial hecho por máquinas, que conecta con otro camino( que ya estaba). Tomando este otro camino hacia la izquierda, a pocos metros hay unas ruinas, o quizás restos de lo que podría haber sido una casa de campo. Aquello está derrumbado, por dentro parecen verse estacas de madera podrida, con orificios, podrían haber sido vigas, que era lo que había antes. Esas medias cuatro paredes, puede muy bien ser un palacio muy cómodo para insectos y pequeños roedores. También para algún zorro.

El viento se manifestaba invisiblemente, golpeaba una pequeña madera que habría servido como de ventana, el golpeteo no mecánico, más bien caprichoso, en combinación con la soledad y tranquilidad del paraje me producía una extraña sensación, como si alguien, tuviese la necesidad de decir algo, de manifestar algo del pasado, esa era la sensación que me venía y marchaba, viendo como aquel carcomido pedazo de madera iba golpeándose estúpida e inteligentemente contra sí mismo. contra un deteriorado marco carcomido por el abandono de un edificio, una forma de vida... que ya no “saldría a cuenta” en aquel tiempo...

Un poco más adelante, siguiendo el trayecto del camino, algún conejillo pequeño, al verme salía corriendo campo a través. Con gran rapidez.
A nadie o a muy pocos y pocas les interesa saber la historia o el pasado de un pedazo de camino que antiguamente pasaba por delante de lo que hubiese podido ser una vivienda o algún sitio para guardar animales, o un refugio ignorado y olvidado, de antiguos pastores... Pero este olvido tiene una ventaja, cuando olvidamos el pasado de un pedazo de camino y tan solo “pasamos por allí....” es casi lo mismo que dejar en paz a la tierra. La mejor manera de dejar a la tierra en Paz, es dejándola en Paz.
Y la tierra conoce y siente nuestros pasos.
Y nosotras y nosotros....
¿ notamos los pasos de la tierra?.

viernes, 11 de febrero de 2011

¡Dicen que algunos trastornos se aprenden!

Mientras aquel brusco y distante padre desayunaba sobre la mesa, de la habitación salía su hijo adolescente, en lugar de dar los buenos días dijo: “Padre, yo de mayor quiero ser científico”.

El padre de la criatura respondió: “¡Estás loco!”
De inmediato añadió en tono desafiante: “¡Que harás!”

El chico, desacreditado por su padre, replicó: “¡Pues seré un Científico Loco!”

Y su padre continuaba en su actitud y volvió a decir: “¡Y que harás!”

El chico se mostraba contrariado por la actitud de su padre, y con la misma seguridad que mostraba su padre, respondió: “¡Primero construiré una escalera muy larga! ¡Luego cogeré un planeta y lo introduciré en un tubito de cristal y construiré un termómetro! ¡Luego cuando estés distraído te lo pondré debajo de la lengua para averiguar porqué me tratas así!”

Y aquel hombre brusco e insensible, reafirmado en su actitud, sentenció otra ves a su hijo: “¡Tu estás loco!”

Manazas (Relato Breve)

El felino encerrado en la jaula, ha sido colocado sobre la mesa de trabajo, la mesa es de color frío. Como de metal. El animal está a la defensiva, desconfiado. Aquellas precisas manos del médico se estaban vistiendo, aquellos guantes de cuero le daban un aspecto de manazas.
Las garras y los colmillos del gato contra aquella mano extraña.
La victoria estaba asegurada, escrita de antemano, pero el animal vivía el presente, y el facultativo habría de pasar por ello.

La lucha ha comenzado, los zarpazos son amortiguados por los guantes protectores. Iba a resultar difícil sacar al animal del refugio portátil, el gato ruge salvajemente, sus colmillos siempre preparados, sus patas contra una mano armada y protegida.

Empiezan las trampas, aparece un ayudante. Dos manos más contra el gato, el animal se defiende como sabe hacerlo, poniéndose en tensión, pero el forcejeo es inútil, poco a poco es reducido, aminorado... Todo llega a su fin, aparece una inyección, la farmacología anestésica en acción, que se clava impunemente en las desconocidas entrañas de la selva felina, aquella sustancia de laboratorio empieza a ...rendir al animal.

Todo está a punto para intervenir, la cirugía salvará la vida del animal. Y su dueño el pequeño Raúl volverá a jugar con su gato curado. El gato volverá a saltar por el comedor de sillón en sillón.

Raúl volvió a reír. Y el gato volverá a ser un Rey, como el Rey de la Casa.

jueves, 10 de febrero de 2011

Nesy

Nesy era una joven apocada, una chica alta y delgada, con poca soltura, sin iniciativa, influenciable. Era hija única, sobreprotegida, su vida era casi un apagón analógico de esos modernos que ha habido. Su entusiasmo... muy reprimido. Siempre tenia una sonrisa fácil, de alquiler, ante cualquier pregunta. Su timidez la protegía de cualquier aventura más o menos sostenida. Sus padres pensaban y decidían por ella. Su insano conformismo era crónico , era continúo.

Cansinio era su padre, un hombre torpón y malpensado. Excesivamente metódico.
Una tarde de agosto, mientras su hija paseaba sin demasiado ritmo ni gracia por el barrio , Modesta que era la madre de la joven, miraba aburridamente la telenovela con Cansinio, y sucedió algo extraordinario, pues se produjo entre ambas partes una conversación más o menos larga e interesante en cierta manera...
La niña -que tendría casi treinta años- se tiene que espabilar...” Dijo con voz cansada Cansinio. Esto fue la conversación monológica, no hubo más. En ese mundo familiar acortado y perezoso, aquel hombre derrumbó la monotonía con una frase más o menos larga... Al parecer en el interior de aquellas cuatro paredes las cosas funcionaban de esa manera...Una madre demasiado pasiva y un padre demasiado automatizado.

Al siguiente Otoño, Nesy al parecer sufrió un breve ataque de Espabilamiento Luminoso y Existencial y por un puñado de segundos se daría cuenta de algo, pues se trasladó, se mudó, estaba viviendo con su Tía Matilde, en el pueblo, lejos de la ciudad, la ciudad eran su enmudecida madre y su padre. La joven vivía aun en una nube, de esas nubes que proceden de la falta de oportunidades, todo ello junto a una excesiva confianza para con todo y con todos.

Matilde tenia una tienda, un comercio a pie de calle, de esos que hay que barrer a diario un pedazo de acera o parte de vía publica, allí vendían de todo menos de lo que no vendían. Y como Nesy se había ido a vivir a esa población con su tía, en un principio para aprender, tendría que colaborar a cambio de una asignación económica. Matilde y Cansinio eran hermanos, mal avenidos, pero hermanos, no se hablaban desde mucho tiempo atrás, pero con su sobrina mantenía bastante vínculo.

Por la zona de la tienda, deambulaba frecuentemente un hombre que muchas veces se sentaba en el banco que había delante de la tienda, iba con frecuencia a ese punto. En el pueblo no se le conocía. Al parecer era un individúo extraño... Y empezó a charlar con Nesy, como para pasar el rato, de tal manera que se convirtió en visitante asiduo. Las demás clientas desconocían a este forastero, no se sabía donde vivía, alguien decía que podría ser un jornalero de temporada...

Una mañana Nesy atendía a unas clientas, vecinas de la calle, había cierta aglomeración, la joven estaba cobrando... pero no tenía cambio... Sus rostros indicaban que no sabía como solventar la situación. El desconocido estaba allí también, mirando la escena, transcurridos unos segundos, el individúo se ofrece a ir al banco para cambiar un billete grande que le estaba causando apuros a la joven... Y ella con toda su bondad se lo entrega, fue un acto de dentro del alma, ¡le acababa de dar a un extraño, un billete de los grandes!, para que fuese al banco a cambiar por monedas y billetes pequeños...
Pasaron los minutos, las clientas comentaban con cierto retraimiento que a quien se le ocurre dar tanto dinero a un desconocido...Aquel individúo no regresaba, esto alimentaba el cotilleo.
Minutos después entra Matilde a la tienda, abre la caja registradora y le pregunta con discreción si había cobrado algo en el transcurso de la mañana... Nesy le cuenta lo que acaba de hacer.. Matilde gesticula escandalizada, indignada, le recrimina que se acaba de dejar robar, Matilde se enfada con su sobrina Nesy, el enfado es significativo y monumental. Nesy tenía el rostro como bloqueado e inexpresivo... Su tía la estaba abroncando delante de unas clientas de las de toda la vida.... Estaba nerviosa e indignada, se le notaba en su forma de expresarse... Nesy se había creído aquella frase manipuladora que recibió toda su infancia y adolescencia “Que niña más buena eres” Esta contradicción la estaba oprimiendo, no sabía donde colocarse, su malhumorada tía estaba muy enfadada, la joven lo estaba sufriendo...
A los pocos segundos regresa el forastero a la tienda con una sonrisa habitual, proyectando alegría, cierto jolgorio producto de haberse sentido útil, de haber hecho un favor a alguien y con mucha tranquilidad, nada más entrar comenta algo desenfadado y le hace entrega de un sobre con el membrete del banco, en su interior habían billetes del cambio efectuado. No faltaba nada. La chica y su tía quedaron perplejas. El hombre se retiró como si allí no hubiera sucedido nada.
Fin


viernes, 4 de febrero de 2011

El Sombrero

No muy lejos, hay una gran avenida, a un lado de la vía camina un hombre mayor con su cabeza bien cubierta, no se sabe si es por el frío o por estética.

Sus ropajes son entre normales y discretos, de colores oscuros y grisáceos, sobre un hombro cuelga tranquilamente una cartera de mediano tamaño, es de color oscuro.

Su cara es delgada, su piel es oscura, sus barbas negras parecen algo abandonadas. Pero eso no tiene mucha importancia.

Su forma de caminar es corriente y normal, su cuerpo está recio, aunque con una mano sujeta una muleta que prácticamente no utiliza, su caminar es normal y su mirada también.

Este hombre cruza la avenida, llega a la otra orilla, a partir de ese punto aparece un Rol, su cuerpo se ha doblado un poco hacia adelante, su mirada se ha vuelto desgraciada, su cabeza se ha convertido en cabizbaja. ¡Antes de cruzar y después de cruzar, un antes y un después!. Ha sido como una metamorfosis o algo parecido.

Su forma de mirar busca compasión, de su cartera parece que ha sacado algo que lleva en su mano, esa mano la avanza pidiendo limosna, con la otra mano se sujeta a la muleta que de pronto le ha sido útil, para sobrellevar una cojera que le ha sobrevenido al llegar a ese lugar de la avenida. Un problema físico por haber cruzado una avenida. ¡Si no hubiese cruzado no se hubiese puesto enfermo de la pierna!

El vagabundo se va acercando a la gente, encorvado hacia adelante, con la cabeza gacha, mirando con inferioridad a la gente a la que se acerca, una cojera repentina se sujeta a la muleta. Y va pidiendo unas monedas. Se desliza con pobres movimientos y dificultad añadida. No pronuncia palabras. Solo pronuncia miradas de sospechoso auxilio. ¡Pero que importa! ¡Dicen que lo que cuenta es la intención de pedir y se os dará! Eso es lo que cuenta. ¿Cuantos piden con honestidad? o Por oficio y habito.

Pasan las horas atrapadas en un reloj, el hombre sigue mendigando... Sin novedades, como siempre, como ayer, como la semana pasada. ¡Pero no importa! En la sociedad siempre hace mucho frío. Aunque sus ciudadanos se aniquilen en nombre de un faraón. ¡En la sociedad sobran los estímulos. Hay sobre estímulos. ¡Que importa un estímulo más!

El hombre ha cruzado al otro lado de la avenida, se retira caminando erguido, la muleta ya no le es tan necesaria. Su mirada se ha vuelto más normal. Utiliza la muleta de una manera muy diferente.
Su cabeza ya no mira al suelo. Ya no está cabizbajo.
El hombre ya ha terminado de jugar consigo mismo y con los y las demás.
Y se retira, caminando por la calle, en dirección a algún lugar. Al menos allí no se queda.
Ha logrado unas monedas con falsedad. Pobre de él.
Ha ganado unas monedas baratas para poder comer un bocadillo barato. O posiblemente para alguno de esos cartones cerrados que dentro tienen vino de supermercadillo.
La gente de la avenida sigue caminando, mirando sus problemas y obsesionada con sus preocupaciones, y aquella especie de mendigo volverá para añadir a la sociedad más estímulos.