jueves, 30 de diciembre de 2010

Cascara de Huevo

Una tarde otra, mis zapatos y yo, fuimos juntos a pasear, paso a paso, despacio, sin demasiada prisa. Me fijaba en las facciones y rastros de rostros que transmiten emociones a través de una simple y compleja mirada. Ojos bonitos. Así de sencillo es esto.
Ahí está. Con una bonita mirada. Todo ese escenario. Lo llaman… “parte de la vida Real”, donde salimos a mostrarnos tal cual somos o tal cual realmente fingimos ser, eso depende de cada cual. Es así… Necesario para fingir con sinceridad y credibilidad. Mostrándonos tal cual somos, incluyendo el Rol que interpretamos ser.
¿Quién inventó las calles? Dice esta pregunta.

Toda suerte de mundos se cruzan en silencio, unos hablando y haciendo ruido, dirigiéndose a donde quiera que vayan. Y otros y otras en silencio: “¡Taxi, Taxi!” Grita una mano levantada, mientras los pies se ponen casi de puntillas. “Pobre tendón”- debió pensar un tal Aquiles.
Miles de zapatos. Miles de cordones y de suelas gastadas o no gastadas, invaden la calle, que reside en cualquier vía pública. Su presencia es para todos y todas o viceversa.
“¿Y la calle tal?”
“¡Pero cual!” Podría pensar o responder el lector o la lectora que está o ha estado de vacaciones y aprovechó o aprovecha para pasear, leer. Descansar la vista cansada de tanto leer, escribir.
Un momento libre, un rato libre, también puede ser una Vacación. O unas vacaciones si no nos estamos quietos, o vamos a diferentes lugares. Aporta esta pequeña reflexión.

Miles, más o menos, de neumáticos de vehículos a motor o sin motor, como las bicicletas, van aislando a sus conductores y conductoras de la energía de la tierra, y a cambio siguen avanzando como si tal cosa, hasta llegar a sus destinos…Allí se apean. “¡Un momento que busco la llave de la puerta!” anuncia una mano desde dentro de un bolso. (Conste que las manos hablan de otra manera, pero hablan.) Mientras el lector sigue leyendo, aparece la llave… ¿Qué llave? Dice esta pregunta. ¿Llevas las lentillas? Pregunta al acecho..

Miles y miles de ojos con o sin gafas, miran hacia allí. Hacia aquí. ¿Hacia donde?
Miles de Oídos intentando escuchar.
Y unos muy pocos, intentando escucharse.

En ese escenario hay un manto de ruido de convivencia y humanidad. Personas abandonadas a su suerte si creen en ella. Manteros al acecho, vigilando a la policía, y agentes vigilando a los manteros. Todos juegan al mismo juego. Unos ganarán, otros ganarán un fracaso más. Diferentes bando, mismo juego. Diferentes motivos, mismo juego.
¿Pero a qué? Quiere saber esta pregunta. Las preguntas tienen vida. Las preguntas tienen curiosidad. A veces no reciben respuesta. La indiferencia puede ser una… ¿respuesta? ¿0 una señal, un gesto?

Hay un taconeo intermitente, tacatin tacatán, un taconeo que baja por unas escaleras. Se mezcla con algún que otro claxon. El taconeo es música. Pero… ¿¡La vecina no duerme nunca!? También se puede escuchar al viento llevándose lo que encuentre al aire libre y que puede ser aireado por los cielos del mundo redondo. ¿Que edad tiene el viento? Dice esta pregunta. ¡Cuando viene el tren, los tacones aceleran el paso! Pobre tendón, dijo un tal Aquiles. ¡Esto me suena de algo! Profesa la duda.

En ese escenario se puede escuchar la vibración de una gran orquesta de cuerdas vocales que tienen mucho que callar o decir.
La gran sordera, de no querer escuchar, mirar cara a cara a la salvaje y paradójica vida.
Sus paredes y fachadas, pueden tener una cualquiera Ciudad, llenas de mensajes y pintadas para vergüenza del alcalde o alcaldesa. ¡¡ Butano ¡! Grita a golpes una voz extranjera de aquí.
La brigada de limpieza acaba de empezar. El bocadillo, para luego, y según y como, puede que hasta haya porrón de vino. Allí enfrente control de Alcoholemia, anuncia una señal de Balizamiento. ¡¡Sople usted aquí!!

También en ese escenario llamado ciudad, llamado urbe (urbanización es cosa otra, verá usted) actúa una mente colectiva, la misma mente colectiva que ha creado sus pintadas en las paredes, y sus mitos, sus dioses e ídolos. El dinero sigue siendo para muchos un Dios. Vivir sin dinero es complicado. Es problemático. Necesario Dios parece ser el Dinero. Poderoso Caballero también para algunos y algunas. ¡¡ Abuela, Abuela su cambio!! Reclama una honrada tendera. Al Cesar lo que es del Cesar y ….
Se suele decir que muchas opiniones e ideas, proceden del gran supermercado de ideas y pensamientos, que la gran mayoría de nosotras y nosotros o viceversa hemos sido o somos simbióticos usuarios, como si estuviese mal visto decir “No lo sé”. Como si tuviésemos que avergonzarnos de no tener opiniones. O como si fuese un delito no tener cultura. ¿Parte de la cultura está manipulada, reservada, para satisfacer intereses particulares? Escribe esta pregunta.

Veo venir a una joven de frente. Su perrito pequeño olfatea el aire. Creo que el diccionario lo llama Ventear. ¿Pues que buscará? La joven lleva un cigarro en la mano. Posiblemente no pretende dejar de fumar. Y un tatuaje asoma en silencio sobre su blanca piel. Su hermoso rostro está taladrado con trozos de hierro o moderna metralla: “Piercing” según dice el hombre moderno y civilizado. Parece una metralla voluntaria. ¿Llevar metralla voluntaria en el cuerpo, representan restos de “Mamá mira que tengo”. El cuerpo ya tiene orificios naturales, y la naturaleza no recibe lecciones. No entendemos a la naturaleza. ¿Y cuantas veces, hace falta una cesárea? Dice esta pregunta.
Dicen que muchos de esos cortes para parir, se hacen por cuestiones de horarios… Parece que no se quiere esperar a que ciertas cosas se sucedan según su propio ritmo.
¡Que la naturaleza del parto se adapte a mi horario! ¿Pensará esto el o la médico? Dice esta pregunta. ¿Doctora acaso vas a llegar tarde al colmado? Hoy día, en muchas ciudades, los colmados cierran tarde.

Las gentes caminan sobre calles que callan, con ayuda del silencio. Pero hay un claxon. Una señal acústica, según un Real Decreto. Que a veces lo estropea todo.
Estas calles que duermen sobre estas camas de asfalto grisáceo no tienen miedos, ni medios para tener miedos. La calle oscura inspira miedo, temor del tipo: ¿Me vienes a buscar?
La joven del perrito, que lo acaba de atar a un silencioso árbol, compra una barra de medio en la panadería, mientras el barrendero barre, algo le hace gracia, va riendo. ¿Cuál es el oficio más divertido? Dice esta pregunta. El de barrendero. ¿Por qué? Por qué siempre “Barriendo”. Ya sabia que era mal chiste. Las calles calladas no tienen convicciones de tipo religioso -aunque nos agobien con el proselitismo, tal cual campañas político- publicitarias religiosas. Las calles no entienden de política, aunque haya puños levantados insinuando indiscretamente, clamando: Votadme, votadme.
¿Quien inventó las calles? Vuelve a insistir la curiosa pregunta…. Aunque hay preguntas trampas. ¿Las maquinas de asfaltar?
Mientras, la brisa se lleva un sombrero, -¿para no tener frío en la cabeza? Dice esta pregunta-le entra la risa a un chiquilla… ¿te llamas Marisa? Se nota que tienes buena risa.

Es momento de pasear, para calmar la mente que acaba de discutir con su suegra, o con la pareja. Paseos, para pasear, para salir a estirar primero una pierna y luego la otra. Si caminásemos con las dos piernas a la vez, imitaríamos a los canguros, y nos dolería mucho la espalda.
Paseos para ir cobrar el talón de ayer por la tarde, o para ir a comprar medio kilo de pimientos, ¡si puede ser que no sean de los que pican!


Paseos para pasear al perro, bajo la atenta mirada de aquella niña con rostro asustado y que intenta hacerse a un lado. Su hermano, ajeno a ese pequeño detalle, empieza a morder el bocadillo con un bocado. Y su abuelo espera sentado en el banco de al lado, donde en verano venden helados.
Una niña tiene helado en la punta de la nariz. Pero ella sigue disfrutando. ¿Será de fresa?

Hay que ir a visitar a la abuela que se recupera de una enfermedad…. Allí donde las auxiliares vestidas de blanco atienden con algo de indiferencia o automatismo a quien se encuentre sobre la cama, aguardando un tesoro gratuito llamado Salud, a veces propiedad de ciertas industrias farmacéuticas, que venden predisposiciones a enfermar en forma de medicamentos o remedios casi milagrosos (…) puntos suspensivos entre paréntesis

¿Qué debe haber debajo de ese escenario? ¿Una vieja jaula de canario? Palacios sucios y asquerosos, llenos de objetos perdidos que se perdieron en su día, uando fueron refugios de una guerra. Refugios, quizá llenos de miedo y temor.
Quizás haya tierra condenada a ser mutilada por maquinas hacedoras de túneles y asfalto. O Heridas gigantes en el subsuelo, para que podamos comprar un billete de transporte público subterráneo, y así llegar antes.
¿Qué hay debajo de ese escenario que parece una ciudad en el subsuelo? Raíces de árboles. Quizá… ¡Un escarabajo aquí debajo! ¡Cañerías y Alcantarillado!
¡A la joven empresaria se le han caído las llaves del coche allá abajo, por la alcantarilla!

Ese escenario llamado urbe, tiene miles de ojos que miran entre pestañas, muchas maquilladas. ¡Pero no todas!
Tiene miles de ojos fríos y metálicos que se abren y cierran con colores verde, rojo y ámbar, son ojos que te dicen que pases o te quedes quieto, también te dicen que acciones el pedal de las prisas, o que pises el freno. Mientras tanto, otros ojos miran y miran, miran ojos y expresiones que vienen de frente, miran cabelleras que se mueven, miran animales perrunos haciendo juegos de hocico en el parque, miran bicicletas que están ahí, a punto de iniciar la marcha, miran pintadas en paredes. Miran material discográfico sobre una tela, ¡Si puede ser que no venga la policía! Debió pensar alguien.
Las fuerzas de orden público irrumpen en un piso y desmantelan una red de prostitución. Abajo en la calle están los furgones esperando. Y en el televisor de una tienda de electrodomésticos, un político dando a entender, mitin a los pies, que cuantas más personas más jugaremos y reiremos.

Hay miradas, que miran a jovencitas pidiendo monedas para su bebé, en la puerta de un gran almacén en rebajas. No parece que sea Beneficencia, allí hay misioneros buena gente. En los grandes almacenes hay buenos vendedores.
Gentes que miran jovencitas por televisión, al descubierto, prostituyendo su sexualidad a cambio de algún billete más o menos grande, mientras que en la misma cadena de televisión, una periodista cuenta en un reportaje, la gran cantidad de dinero que gana una joven, a la que sí ocultan la cara y distorsionan la voz, para no ser reconocida y que prostituye su sexo de forma lujosa, en algún confortable piso. Vaya injusticia, unas prostitutas tienen derecho a la intimidad televisiva, y otras tienen derecho a la exhibición televisiva. ¿A las prostitutas les gusta que las miren a los ojos? ¿Temen esa forma de relación? Dicen estas dos preguntas. ¡Que conste que el sexo es gratis!

Escenarios de Ciudad, que la lluvia limpia provisionalmente, cuando estamos paseando a nuestros zapatos. Cuando salimos del parking desorientados pensando “¿Luego sabré localizar este lugar?”

Pase lo que pase, las calles, las avenidas y las ciudades seguirán teniendo sus olores y aromas, sus incidencias y sus sinsentidos. Y los semáforos funcionen o no funcionen seguirán llamando nuestra atención aunque no les hagamos demasiado caso. Pase lo que pase alguien seguirá paseando por el paseo, o podrá leer el periódico o un buen libro en el banco del parque tranquilo. Y siempre habrá, de tarde en tarde, alguna mano canalla que lanzará huevos a alguien desde una ventana cobarde. Y muy de tarde en tarde, habrá alguien quemando algún contenedor de basura, cuyo contenido hay que incinerar en la planta de gestión de residuos. Y tarde o temprano vendrá la brigada municipal a limpiar y recoger las hojas secas de los árboles y los restos de cáscaras de huevo chafadas en el pavimento, y cuando acaben se irán a otro lugar, donde lo más seguro haya más de lo mismo: Hojas libres por los suelos, llenas de pisadas, y restos de…. que una mano lanzó desde una cobarde ventana y sin respeto alguno.

En aquella fachada, de allí enfrente, sigue aguantando el recorrido de las lluvias, aquel mensaje escrito con spray que reza: “Fachas tenéis la sangre roja y el corazón en la Izquierda” Y a la vuelta de la esquina otro que pone “Jaime y Berta son novios”.
Dicen que si las paredes pudiesen hablar… Eso dicen quienes entienden de estas cosas. Porqué si no, no lo dirían. Ojalá, que algún científico logre hacer hablar a las paredes, que tanto han visto.

¡Tengan un buen día! ¡Decía alguien tiempo atrás mientras salía de este genial portal de Poesías y Cuentos!

Los Dias No contados

La noche duerme a oscuras, la noche duerme llena de cansancio que se esfuma entre ronquidos. La noche duerme en una habitación sin colores, coloreada para la ocasión. La noche quiere ser libre y dormir tranquila. Mientras la noche duerme entre paredes oscuras, la mente sueña a intentar jugar despierta. Esta noche de aquí tiene la habitación con la luz encendida y no puede dormirse, pero llegará el momento en que los sueños vencerán y las luces se apagarán.

La noche está durmiendo en el bosque mientras los zorros y los búhos habitan sin cesar.
La noche está tranquila en medio del bosque. Sus criaturas salen en medio de sueños.
La noche del bosque está llena de luz invisible que viene de arriba. La noche duerme en medio del bosque y no tiene miedo, un amable y simpático vientecito remueve las hojas de los árboles dormidos mientras la raposa cruza la pista forestal vacía de motores. Al momento los grillos seguirán susurrando a la noche aunque ésta se haya dormido.

La noche se ha quedado dormida en el pueblo pequeño con olor a leña quemada.
Mientras la noche duerme, hay casas en las que el insomnio hace lectura de un buen libro. Hay noches de lluvia que juegan a las cartas aun sabiendo que la noche tiene frío.
La noche duerme tranquila en medio del pueblo, las gentes ya han hablado del telediario. Las gentes hablan de la tele-basura que ya hace tiempo que huele a chamusquina. Las casas bien asentadas en sus cimientos siguen despiertas mientras la noche duerme tranquilamente y sus habitantes han bebido vino. Mientras, la noche duerme con las ventanas cerradas y las luces apagadas, para dejar que las estrellas vean a sus criaturas humanas tener que pensar en sus ideas y acciones.

La noche que estaba durmiendo tranquilamente ha sido despertada por un beso del sol. La noche se ha despertado suavemente con olor a café descafeinado. La noche se ha despertado con olor a pan recién tostado. Mientras la noche se ha despertado las camas se han quedado vacías. Un gallo que canta ha despertado a la noche. La noche al marcharse le ha dicho a un gallo que cante celebrando. Y mientras tanto la noche que ya se marcha y el gallo que canta han celebrado que ha amanecido y el sol a salido.

jueves, 16 de diciembre de 2010

<<… ¿Y Elvira Flanagan? >>

El resplandor del amanecer entraba por la ventana de la habitación donde la influenciable periodista aun dormía.
Un zumbido más o menos suave comenzó a despertarla, poco después con la mano enmudeció cuidadosamente al despertador, se llevaba bien con semejante chisme, que mañana a mañana la despertaba.

Su vida parecía bastante estúpida y vacía, en parte debido a una infancia de clausura involuntaria y restricciones afectivas medio impuestas.

Elvira estaba en paro desde hacia mucho tiempo, por esta situación se veía resignada a convivir con su padre y su abuela, debido a que económicamente dependía de ellos. Esta situación la estaba asfixiando, la estaba desgastando, en parte por lo complicado que era para ella comunicarse con sus progenitores.
En cierta manera estaba… acomplejada.
Su vida con frecuencia era insignificante, a veces complicada, principalmente porque hasta que encontrara un empleo que valiese la pena, habría de vivir en un lugar que no era de su agrado. A veces su situación era de resignación y paciencia, mucha paciencia…

Había momentos de calma y tranquilidad que la motivaban a seguir siendo ella y vivir, la curiosidad de sentirse vivir. Sin apegos… En realidad le resultaba complicado.
Tenía una curiosa costumbre que le daba una cierta paz, y era que se echaba en la cama por la tarde, cerraba la puerta de la habitación que daba al patio, pero dejaba la ventana corredera un poquito abierta, creando una corriente de aire por el pasillo que conducía a otra terraza en la parte delantera de la vivienda, entonces por aquella rendija se colaba el silbido característico del viento cuando pasa por una fina oquedad. Ese silbido parecía como un mensaje. Ella lo escuchaba atentamente e incluso a veces se dormía.
Era frecuente verla al final de la tarde salir al jardín de la vivienda y admirar las nubes de atardecer.
Veía como sus circunstancias, su día a día, era en una especie de aislamiento, una especie de encierro que la orientaba hacia lo que parecía ser su vida interior y espiritual. Aunque con frecuencia afloraba el dolor de no poder vivir su vida…. Vida propia. Ella no estaba con su familia por estar viviendo su vida; todo lo contrario, estaba con su familia porque no estaba viviendo su propia vida, sino la vida de los demás… Ella no podía hacer su vida en esas condiciones. Alguien se había apropiado de su libertad, su energía, su libre albedrío estaba como colapsado. Ella no tenía ni su tiempo ni su espacio. Aunque haya místicos que afirman que el espacio y el tiempo no existen, según el nivel de consciència y energía en el que vivamos.
Una vida puede ser un engaño confortable y adulterado o edulcorado.

Su aspecto físico aniñado le daba una apariencia no correspondida con su edad. Toda su fuerza interior que era mucha, estaba siendo dirigida hacia sí misma, pero en negativo. En ella había como un potencial queriendo salir, aflorar.
La mayor parte de sus patrones procedían de una infancia – casting, una especie de constante juego, en el que no bastaba con ser, se tenía que ser de alguna manera para poder ser aceptada por ello. Y no cualquier manera de ser tenía validez. Así era el funcionamiento de aquella especie de concurso existencia familiar. En ciertas ocasiones Elvira citaba aquella frase de un famoso cómico, que más o menos decía: “Yo no seria miembro de un club que aceptara a tipos como yo”. Esta frase la utilizaba cada vez que lo consideraba oportuno, sobre todo para eludir hablar de temas relacionados con la convivencia familiar.

Ella salía frecuentemente a caminar sola por el campo y allí en medio de praderas y caminos hablaba, pero a nadie. Ella explicaba como se sentía, pero a nadie. Se lo comunicaba a la nada, a la totalidad. Al entorno, a la existencia. A pesar de todo, aun conservaba la capacidad de emocionarse al escuchar música, una canción, un mirlo encaramado en un punto cualquiera.
Desarrolló la capacidad de separar el trigo de la paja, que fácilmente se lleva el viento y que nunca se sabe donde puede caer. “¡Cualquiera se pone a buscar!”… Desarrolló la capacidad de prestar atención a lo menudo y significativo, a lo que pudiese aportarle algo. A sentir esa distancia de protección que hay entre la persona y el personaje cada vez que tenía la oportunidad de dialogar con alguien. A veces se enfadaba con su padre, captaba las injusticias y se debatía entre enredarse en discusiones o dejarlas pasar.
Ella parecía una chica distraída, ausente, que no sabía escuchar, pero no, no era así. Lo que ocurría era que ya no prestaba atención a ciertas nimiedades y el exterior la catalogaba de despistada. Al exterior le resulta más cómodo. Para el exterior, los demás, es más complicado tratar de comprenderla.

Una grisácea, pesada y densa mañana de aburrimiento y nubes bajas, en la que parecía que casi nada fluía, se le ocurrió visitar un museo, de esos a los que desde mucho atrás no había entrado. De esos en los que las paredes cuelgan de cuadros y los cuadros cuelgan de las paredes, para que se cumpla aquella profecía no escrita o poco entendida que dice: “Y así todos contentos” tanto los dueños- autores de las paredes, que también son arte, y nadie las mira; como los dueños - autores de los cuadros, a veces idolatrados o idealizados.

Sin paredes ¿Qué cuadros admiraríamos? ¿ Los caballetes? ¿Son arte? Sin cuadros ¿nos molestaríamos en admirar las paredes? ¡Admirar una pared cualquiera, puede llegar a estar mal visto! Es muy posible que en ningún museo se explique quien construyó una u otra pared, eso casi no interesa a nadie, allí lo que cuentan son las pinturas y sus firmas o autores… Las paredes no, están olvidadas, sus autores generalmente son personas desconocidas, que han creado una obra de arte con ladrillos y cemento o yeso, pero al parecer eso no es arte, puede que sea otra cosa, pero no se considera arte. También es posible que convenga que no sea valorado como arte. Las pinturas, normalmente, si que se consideran arte. Pero el arte de levantar una pared y construir…, eso… al parecer es otra cosa bien distinta.

La joven empezó a peregrinar por aquellos amplios pasillos de color claro, había en el ambiente una cierta paz, aunque podría muy bien ser una paz idílica y falsa. Aquello parecía un distanciamiento con la rutina cansina, a veces cómoda y agotadora, tanto física como mentalmente. Las realidades de la Realidad, que cada cual vive de una u otra manera, como pueda, o como le hayan permitido influyen en nosotros y nosotras y también en Elvira F.

Afuera en el exterior, se avistaban las nubes grisáceas, la humedad era mucha. El museo estaba en el interior de un parque que en aquellas horas estaba poco frecuentado. Algunos perros contentos por no tener responsabilidades sociales, ya correteaban divertidamente entre los jardines y arbustos del recinto de aquella área, a salvo del estrepitoso ritmo urbano.

Elvira se había dejado llevar por aquella situación tan novedosa en el museo, una experiencia casi desconocida en el pasado de la joven, exceptuando alguna que otra visita en época estudiantil y atrapada dentro de un papel secundario en el sistema familiar, lo que le había impedido realizar ciertas otras cosas.
Caminaba lentamente, mirando cada cuadro como si fuese ella la que tuviese que dar algo a los cuadros. No solo su atención. A veces parecía que buscaba algo muy concreto.
Cada cuadro aparentaba un mundo, una realidad, superficial, hueca. A Elvira parecía no gustarle su vida, su realidad. La aceptaba como cada mañana despertando ante el despertador para iniciar un nuevo día, pero a ella no se la veía convencida de tener que vivir esa vida, ni tampoco se la veía satisfecha, es posible que no estuviese de acuerdo, y al parecer asumía las consecuencias, muy poco se la veía discutir o creando conflictos en la casa; cuando su padre la incordiaba ella siempre decía: “No me busques que no me encontrarás”… Aunque a veces no funcionaba.
Quería cambiar de vida y no acertaba al como hacerlo. Dicen que la mejor manera de hacer algo es haciéndolo. Pero ella, al parecer no acababa de encontrar lo que buscaba. Es muy frecuente que haya progenitores que permitan a sus hijos “buscar” “buscarse a sí mismos”. No era el caso de Elvira.

Iba mirando cuadro a cuadro.
¿Y Elvira Flanagan?¿ qué estaría buscando?

Los miraba con la boca abierta y la mirada conectada sobre el lienzo, parecía una niña, los miraba como con inocencia, su mente parecía estar en blanco.
Aquellos cuadros eran simples telas de alto precio, de calidad, llenas de pinturas con sentido y forma, que siempre están ahí paralizadas sin hacer nada y a la vez inspirando o dejando indiferente a quien las mira. Las pinturas eran símbolos interpretables, según se mire. También podían verse como meros objetos de subasta.

Poco a poco avanzaba. Entregada, como extasiada. Ni siquiera miraba a los demás asistentes.
Sus manos se mantenían escondidas dentro de los bolsillos de su abrigo de unos cuantos años atrás, ella no entraba en temas de modas y marcas de ropa. Y tampoco se la veía una persona ruin.

Un encargado uniformado, se había parado un momento a mirar lo que hacía, pero debió advertir a una fuerte niña inofensiva incapaz de hacer daño, con lo cual siguió por el pasillo, dejándola en el centro neurálgico de su belleza, si tenemos presente que el contemplar es una forma de belleza, quizás sea porque carece de motivo o expectativa alguna y quizás por eso se contemple tan poco.

Los cuadros eran de escenas antiguas, de épocas medievales. Otras formas de vestir. Los mismos rostros humanos, pero pintados de otra manera, siempre fijos, sin movimiento alguno. Era muy fácil maravillarse ante aquello para una joven mujer casi asqueada de una cansada y agotadora vida sin alicientes. Su vida debía estar estancada como cualquiera de aquellas pinturas. ¡Al menos el vivir invita al movimiento!

Parecía que desde su interior buscaba un lugar donde olvidar su día a día, su abuela, su padre. O tal vez poner comprensión en su vida.

Las pinturas iban pasando fantasmalmente ante sus ojos verdes y bonitos, las pinturas nunca opinan ni juzgan, ni describen ni analizan al visitante, ni llenaban su cabeza de teorías, ni magistrales explicaciones académicas. Las pinturas, hablan sin hablar. Las miradas siempre miran en silencio, hasta que aparece el conocimiento y empieza una descripción. Esto puede ser muy útil para poder llenar libros de arte y guías de museo. Pero mirar en silencio es otra cosa. Contemplar es otra cosa.
Ella en aquel lugar se expresaba corporalmente con espontaneidad. No había cruzado palabra alguna con nadie. Sus manos seguían guardadas en el fondo de unos calurosos y acogedores bolsillos.

Su cabeza se inclinaba ligeramente, posiblemente porque se habría colado algún pensamiento o imagen. Había asistentes que la miraban con una especie de ternura, al menos eso parecía.

El tiempo de reloj, el tiempo de horario, avanzaba, aunque el Sol no entendiese de… Esos extraños y útiles cálculos. Pero la vida de ella estaba atrapada o detenida en aquel nuevo mundo de fascinación y simbología plasmada con colores. El cuadro era como una cárcel enmarcada, donde sus personajes y habitantes parecían querer decir algo… y quedarse en el intento.
Inspirarían algo, y es posible que ella se sintiera identificada con ese estimulo: ¡Quiero pero… no sé como hacerlo! Aunque seguía siendo un comportamiento aprendido.

Una voz masculina la advirtió de algo: “Señorita, vamos a cerrar el museo”.
En ese momento real y autentico, crudo y aliñado como la vida misma, ella se acogió a un simple: “Gracias”.

El vigilante de seguridad se retiró, dejándola a solas. La luz artificial empezó a disminuir. Aquella conocida sensación de abandono volvió a aparecer en el ambiente, en escena. Como cuando era una niña aprendiz de adolescente incomprendida. Como viviendo aparcada en su habitación esperando que su madre la llamara en cualquier momento para realizar alguna tarea domestica. Y después vuelta a empezar.

“Mamá me duele la cabeza” “Tomate una aspirina, niña”. Era un discurso frecuente en su infancia un tanto alargada y a la vez castrada. Porqué para unas cosas se la consideraba un niña y para otras una mujer.

Elvira se había quedado plantada ante un lienzo, desde dentro un individuo la observaba sonriente por querer salir y triste por estar allí dentro. El hombre de la pintura estaba como en familia…

Cada vez había menos gente en la sala, y ella miraba atentamente al hombre
“¿Quién eres?”
“Soy un dibujo, sin vida propia. No deberías hablar conmigo…”
“¿Y que haces?”
“Estoy cuidando a mi nieta. Estamos atrapados en esta situación, no podemos cambiarla… Procura que nadie te vea hablar con un cuadro.”

“A mi no me gusta mi vida”
El dibujo le dijo: “Pero ¿porqué?”
“Siento como un vacío… Dijo ella, y al mismo tiempo volvió a preguntar: ¿Sabes quien te pintó?”
“Debió ser alguien que pensó y decidió por mi. O quizás alguien en quien me reflejaba”.

El dibujo insistió:”Debes dejar de hablar conmigo, podrías tener problemas”.
Elvira miró a un lado y a otro. Tocó el cuadro por última vez y abandonó el lugar.
Aquella misma tarde le dijo a su padre que el colchón de la cama le estaba haciendo daño en la espalda y que quería que le comprase uno nuevo, sencillo, de espuma…
Al día siguiente Elvira estuvo por la tarde acostada en su muevo colchón, con las manos en el vientre, siguiendo el ritmo de su respiración, sus manos subían y bajaban poco a poco. Ella tenia la cabeza girada, mirando por la ventana.
Elvira estaba sonriendo. Posiblemente con la mente en silencio. Preparándose seguramente para iniciar un cambio en su vida, aunque no supiese como hacerlo.

Elvira susurró algo que estaba relacionado con lo que había visto en el museo, algo que había llamado su atención en aquellos rostros plasmados sobre un mero lienzo.

“…sonriente por querer salir y triste por estar allí dentro…”

martes, 14 de diciembre de 2010

La Historia se supone que no es lo mismo que “una historia.” Nuestras calles, que no son nuestras y por eso se llaman vías publicas, son de todos menos nuestras, están repletas de sucesos, algunos importan y otros no. Conrado es un protagonista de la historia de nuestra sociedad, del margen de una sociedad, pero quizás ningún libro de historia se va a fijar en él. Al parecer la Historia también elige a sus representantes o protagonistas, por lo menos eso parece...puedo estar equivocado. Estoy seguro de que conoces a algún Conrado, por ahí cerca, donde transcurre tu vivir diario. Un Conrado medio olvidado o ignorado.

Conrado era un vagabundo, un mendigo con un aroma apestoso y maloliente, sus ropas viajaban por su trozo de calle, impregnadas de porquería. Al no disponer de un lugar donde guardar su ropa, se la ponía toda encima, independientemente del clima, dándole un aspecto un poco extraño. Si algo le sobraba lo escondería en algún sitio. Era un hombre al que no se podía uno acercar, si acaso saludar desde lo lejos, aunque siempre me inspiró cierta desconfianza y rechazo, nunca lo saludé personalmente. Una vez me fijé en su mirada, vi una sonrisa como de despreocupación, una sonrisa posiblemente fruto de una especie de ignorancia. Esa Risa, más bien morbosa que se creaba alrededor “del Ahorcado”. Esa Risa morbosa, quizá, muy frecuente en los ruedos donde la vida animal se infravalora.
Últimamente observé que vivía con un colchón, cuatro bolsas llenas de algo, y creo que un carrito también lleno de algo, su mascota era un tetrabick de algún vino baratillo, que muy posiblemente estaría caducado, si miramos la fecha.
Otra cosa es que la esencia, el brillo de los ojos; el producto, el interior, esté en buen estado y por cuestiones de política, en la caja tenga que constar una fecha de caducidad,“buscamos gente joven para esta oferta de trabajo”, suele decir el anuncio. Esto hace Papá Estado y Mamá Administración, caducar-nos, jubilarnos, hipotecar-nos, a través de necesarios y legítimos sueldos y pensiones...Y entonces nuestro niño en lugar de hundirse, desarrolla una creatividad que no había sido reconocida. Una creatividad pasmosa.

Conrado siempre llevaba una gorra, siempre llevaba la misma cantidad de ropa puesta encima, sucia y mal-oliente, como él. Algunas veces pasaba yo por su vera. Este hombre de este olor, estaba en un Rol, fosilizado en un problema de miseria incomodante.

Mientras escribo esta “historia” me viene, que en su mirada había un cierto grado de trastorno de la personalidad, es decir, que tengo la impresión de que era una persona con la que me podía llevar un chasco, llevarse un chasco con alguien no tiene que ser necesariamente que esa persona sufra algún trastorno. Muchas veces, alguien se saca de bajo la manga un “chasco” para insinuar que nos alejemos, o para controlar una conversación o situación según sus intereses. A veces, para conseguir algo que no sabia, no podía o no quería pedir abiertamente y con naturalidad...También se utilizan para provocar respuestas y desde ahí llevarse nuestro pensamiento.(Son juegos sociales). Estas estrategias ayudan a conocer a los demás, aunque sea a un alto precio.

Conrado un día fue mencionado en la prensa, lo habían agredido, creo recordar que fueron unos valientes y atrevidos jóvenes cobardes, pero todo aquello fue olvidado, ni siquiera fue una mera anécdota, ¿a quien le iba a importar la historia de un mendigo que olía mal de apartarse? ¿A sus agresores? ¿A unos periodistas con prisas por triunfar?
Es muy posible que Conrado fuese como una musa para algún aburrido vecino que lo veía desde la ventana de su casa, y hablaba de él algún cotilleo o chismorreo. De esos que se utilizan para boicotear al sagrado y esclarecedor silencio. Aunque creo que el silencio es indestructible, siempre que lo escuchamos en silencio, suele estar ahí, esperándonos, aunque no lo llamemos. Creo que es muy raro que el silencio huya de nosotros y nosotras, pero al revés es más frecuente ¡Muestren el ruido, que viene el silencio!

Este hombre, Conrado, se movía por una pequeña zona, vivía últimamente en el hueco de la pared de una obra, allí metido, allí instalado. Sus aliados eran los contenedores de nuestras basuras apestosas y malolientes que con tanto rechazo tiramos. Me pongo a pensar, y me cuesta, en lo bueno y apetitoso que podría resultar a Conrado rebañar alguna lata con restos de comida, piezas amoratadas de fruta, los restos de algún bocadillo endurecido e in apetecible; sus manos sucias debían y tenían que coger trozos de pan... Nunca supe si frecuentaba la zona de basuras y desperdicios del mercado a por algo para comer...
Su aparato digestivo debía estar mal nutrido y deteriorado de comer mal y poco, ¿estaría él pendiente de esas cosas de la vida? Para este hombre... ¿que implicaría “ir al lavabo”? ¿ dispondría de papel higiénico, para toda esa geografía de calzoncillo, por donde la zona sacro-genital campa a sus asfixiadas anchas, con posibles escoceduras, y otras irritaciones, debidas a poca o mala higiene? ¿estaría este hombre pendiente de estas cosas tan elementales e importantes del vivir la vida? ¡Puede que no! Vivir la vida también significa Atenderse. No solamente responder con metafísicas y metáforas de poesía... ¡Oh la Vida es esto o aquello!. Uno o una debe Atenderse, tal y como posiblemente no hizo últimamente Conrado. Cada día, cada instante puede ser “últimamente”.
Nos guste o no nos guste Conrado formó parte de nuestra sociedad, a veces llena de suciedad, él estaba allí atrapado, atascado...con un margen de error o acierto que iba de una esquina a otra, pero.... ¿ a que libro de historia le interesa saber de este hombre, de esas personas como él? que caminan mal por usar zapatos inadecuados, ¿a alguna fría estadística de la administración? Conrado quizás haya acabado en manos de alguna organización solidaria, pero... ¿a cambio de qué? ¿ de que se quede allí corporal. emocional o mentalmente, sin poder realizar su propia libertad, su libre albedrío? o a cambio de que fría e independientemente asuma su propia libertad, dando, recibiendo, compartiendo, sin hipotecas emocionales, intelectuales...

Ninguna enciclopedia llena de tomos o libros apostaría por él, él normalmente no les interesa. A ninguna editorial le interesa relatar, editar, la historia de los calzoncillos de Conrado, ni a ningún sistema educativo, ni para algún ministerio de cultura ¿como iban a apostar por él? ¿que le dirían sus colegas? “¿vas a perder tiempo y dinero con ese individúo?” “Quien sabe si alguna vez le preguntaron a Conrado sobre su vida, o si quería hablar de su vida, si sufría del estómago... o que necesitaba o deseaba”. Posiblemente Conrado nunca quiso o pudo cambiar de vida.
A veces nos dejan cambiar. Otras veces no nos dejan... cambiar a nuestra manera.

A la historia, (la otra), la aceptada, esa historia de la que parece que hay que estar orgullosos o no, la que está en los libros y enciclopedias virtuales, les interesa otro tipo de cosas, otro tipo de temas, otro tipo de dramas, de alegrías, de fiestas... Pero Conrado no tiene nada que vender, por eso nadie apostó por él. Posiblemente les resulte una perdida de tiempo. Sería extraño que un historiador le preste atención. Fuese posible que Conrado hubiese rechazado la ayuda de alguna asistente social, ¡quien sabe!

Si Conrado hubiese sido un criminal de guerra, la historia se hubiese fijado en él, “hubiese hecho historia”, porqué hubiese tenido algo que vender, aunque fuesen seres humanos gaseados, que tenían derecho a realizarse y vivir la propia vida.
Si Conrado hubiese sido un político, lo mismo. Si hubiese sido el presidente de una asociación de vecinos, le hubiesen dedicado alguna forma de atención, quizás en alguna revista de barrio, ¡quien sabe!...

Conrado se apartó, Conrado fue apartado, él debe o debió saberlo, Conrado se abandonó o quizás lo abandonaron...¿Alguien lo sabe? Eso, a la historia que se vuelca en la historia de las personas importantes; a la historia que denomina “grandes” a ciertos personajes de la historia, o que puede hacerlos importantes, no le interesa para nada demasiado las cosas de Conrado.

Un Hitler, Un Ghandi, Una Teresa de Calcuta … Un pivot de Baloncesto, Un Suicida frustrado que sale a hombros con orejas cortadas para no tener que escuchar el sufrimiento de un animal ajeno a la codicia. Un Buda, Un Al Capone, Un Sacamantecas o Sacahuntos ... Todo esto sí que tiene algo para vender, para mostrar y la historia lo sabe, la historia lo sabe todo, menos lo que al parecer ignora, la historia cuenta lo que tiene interés e importancia. Lo que interesa hacer interesante. La historia es neutral, la mente es la que dice “Esto sí. Esto no”. La historia sabe todo el sufrimiento de la gente que fue engañada, estafada en una guerra,(a veces, el día a día es una guerra contra lo establecido, que nos ahoga), la gente que fue feliz en una boda. La historia conoce todos los partos de criaturas a las que sus padres pondrán un nombre nuevo y no repetido en el familia. Las guerras son estafas y fraudes, son engaños; la medalla al merito es la anestesia, el caramelo. La historia lo sabe todo, menos lo que no se ha de contar, no se ha de explicar. A la historia posiblemente no le interesa explicar que alguien ayudaría a Conrado, posiblemente con una barra de pan blandito y bueno, o con algún tetrabick de vino baratillo, o con algún chaquetón del difunto abuelo. Esto es fundamental para esa otra Historia de distancias cortas y miradas a la cara. Esa historia popular y muchas veces ignorada, que solamente conocen una minoría de cualquier pequeño gentío sensibilizado, con capacidad para la conversación respetuosa y significativa.

Conrado tenía un transistor de bolsillo, ¿ a quien le interesa saber quien le regaló el transistor, las pilas, al viejo y maloliente Conrado? ¿Experimentó Conrado en sus últimos días el sabor de una taza de café con leche caliente en pleno invierno, con viento fuerte que aumenta la sensación de frío?. Dudo que esté explicado en algún libro de historia de alguna facultad. En nuestro prestado vivir diario, muchas veces es saludable la discreción, el no ser protagonista de la historia, aunque sea por unos instantes. El no sentirse observado. ¡Paradójico!
Una Taoista Paradoja.

Lo único que quiso hacer Conrado con su vida, fue apartarse, y fue apartado y abandonado. Como lo apartaron, se apartó. Nunca sabré o sabremos de que quiso apartarse Conrado, es posible que valía tanto tanto tanto, que no supo encontrar la manera de canalizar todo eso,¿quien apostó por él? ¿quien confió en él?... todo eso se le volvió en contra, y quedó ahí en su hueco en su vida, de una obra, de las de albañiles gritando morteroooo, morteroooo. Solito y maloliente.
Los catedráticos y periodistas de las tertulias televisivas hablan de otras cosas más importantes. ¿Como van a hablar de las botas de un mendigo? Es posible un atisbo, un pequeño vislumbre hacia Conrado, pero nada más... Quizás algún informe o estadística. O reportaje de impacto, para impactar. Pero nada más.

La vida de tantos Conrados, me invita a pensar, a desengañarme, a escribir sobre Conrado Olvidado e Ignorado. La marginación social es la llave de muchas calamidades y problemas, existe la marginación voluntaria y consciente, pero no creo que fuese el caso de Conrado. Quizás hubo primero Conrados y luego el concepcto, pero al catalogarlos se quedan allí atrapados, allí catalogados, allí etiquetados, ( a veces se recuperan). Esto es como cuando a un niño se le dice no seas bruto, la mente interpreta bruto. Y el niño sigue siendo bruto. Recibe atención cuando es bruto. Si no me equivoco, hay una religión que dice, que todo es mente,o que la materia está hecha de pensamiento, el pensamiento puede materializarse, una idea puede hacerse objeto. El amor, el cariño, puede convertirse en un beso. El amor por un deporte, puede convertirse en un balón atrapado y enredado en el fondo de una portería.

Hay materialismo, quizás demasiado, nos gustará o no, pero lo hay. Posiblemente para transformarlo en Materia o Materialidad. (Intuyo que la palabra materia esta emparentada con mater / madre) Si no lo está propongo que lo esté. Si hay materialismo debe ser porqué aun no sabemos disfrutarlo, utilizarlo coherentemente. Pues veo que en esta sociedad materialista es necesario tener una Identidad y un numero. Ser alguien dentro del mundo del dinero, de lo laboral, de lo material. Hace falta una identidad. En lo material, pienso que necesitamos ser alguien. En lo espiritual somos. En lo espiritual no somos nadie, simplemente somos. Necesitamos que la Madre Materialidad nos reconozca, nos acepte. Y nosotros como hijos e hijas relacionarnos con ella, a través de la aceptación. Y justo ahí empieza nuestro problema, traducido en paro y problemas económicos que pueden afectarnos seriamente. Es para reflexionar. Es cierto que el dinero es una energía interesante e inteligente, todavía esperando ser bien utilizada.

Conrado se desvaneció de mi capacidad poco ilustrada de hacer historia, no he vuelto a verlo. Pero hay más Conrados por el mundo redondo. Muchos Conrados enfermos que inspiran rechazo, temor, recelo. Muchos Conrados que meten sus sucias manos en papeleras para coger botellines pequeños de plásticos e ingerir restos de zumo que alguien se dejó y tiró. Conrados con mal olor que cogen restos de cigarros para fumárselos y luego toserlo o expectorar-lo en alguna escandalosa crisis de asma, allí en algún rincón del parque.

La Vida nos observa, la vida observa nuestro vivir, nuestra participación en ello, aunque a veces digamos aquello de “que asco de vida”. La Vida nos quiere a punto y en condiciones, la vida nos ama, para morir en sus brazos, una muerte lo más sencilla posible, no una muerte por correr con un trapo rojo ante una manada de reses bravas atormentadas.
Quizás esas cosas las sepa la historia, y que guarda entre lineas. Los mensajes a veces se esconden entre líneas como queriendo quedar a salvo de cualquier extraña y a la vez legitima interpretación. Dice un Rabino que lo importante del viejo testamento es lo que no está escrito, ¡Taoista paradoja!

Conrado estuvo ahí, en esa calle cualquiera e indiferente, una calle a la que se puso un nombre, en una placa, allí estuvo envuelto en su olor. Ignorado y creando fascinación. Pasando de todas muchas cosas. A las que no pudo o no supo o no quiso atender adecuadamente. ¿Dispondría de su Documento Nacional de Identidad?

Quizás esté dentro de alguna fosa común de las que tiene el ayuntamiento para seres humanos abandonados y fallecidos.
O en alguna residencia viendo la televisión o comiendo papilla a temperatura ambiente.
No se sabe.
Que yo sepa, no se sabe.
Quizás la Historia lo sepa. ¿¡Quien sabe!?
La Historia es Neutral, es la Mente la que dice esto si, esto no.