jueves, 3 de octubre de 2013

Casi...


Casi cada tarde sobre la mesa una botella, allí el vino y vasos para sus amigos, medio llena o medio vacía, que a fin o a principio de cuentas que resultar resulta ser lo mismo. Su rostro corporal, que dicen que lo dice todo, está ya muy anciano y colorado, pero él sigue fumando y fumando su cigarro, unos tras otros. Su rostro, en el fondo, pudiera ser que…, queriendo salir, alejarse de tales presiones. Pero en su rostro hay soberbia, orgullo, y este homo aun osado, y de temperamento, empero limitado, de salud, delicado.

Entre sus dedos un pincel, delgado como él. Homo amante de los colores, de los lienzos y del antiguo arte del pintar silente, paciente y luego a exponer en algún bar. Dos, tres, cuatro pinturas apoyadas, por acá, por allá, por detrás de. De algún zoco o rastro una estantería de madera algo vieja, allí colocados cuantos unos libros viejos, de viejos teatros, pasados poemas, desconocidos y populares cuentos, y cubiertas destempladas y endebles.

Del hombre, hacia días que nada sabía, no lo veía desde hacía tiempo atrás, unas semanas, y sin señales de. Su cadáver, dicen, estaba sobre la cama, quizá por alguna enfermedad, vieja conocida de la medicina. Su cuerpo finado quizá por no poder aguantar tanta presión, quizá en aquellas botellas de vino y un cúmulo de otras circunstancias. El vino es el vino, el contenido es el contenido, botellas medio llenas o medio vacías siguen siendo botellas, según se mire como se mire resulta ser lo mismo, al fin y al cabo que al cabo y al fin.
El vino es el vino, la esencia, pero viene la cultura del vino con su discurso mitológico y…. De la tierra a las venas.
Las pinturas siguen serenas, como el vino en la tierra, en racimos, en las matas o en las venas.

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