Rocío estaba inclinada hacia delante atando la bolsa de basura, faltaban pocos minutos para que llegara su marido.
Ella se arregló un poco, se retocó el cabello ante el espejo del pasillo; se miraba, intentando adivinar si estaría bien arreglada para cuando él llegara. Cada vez faltaba menos para la hora.
Rocío suspiraba de nerviosismo mirando su muñeca, allí estaba el reloj adivina tiempo.
Faltaba un minuto para la hora y salió a la calle, dejó la bolsa en el pavimento, y pocos segundos después... surgen al fondo de la nada, en medio de la oscuridad, dos luces.
El maloliente vehículo se acerca, ella se mueve, avanza unos pasos. No puede estar quieta.
Raúl abre la portezuela del camión parado y baja, ella sonríe y se abrazan, se besan, se aman...
“¡Cariño hoy acabaré antes!”
“¡Que bien! Te esperaré despierta”
Siguieron hablando unos minutos cerca de la puerta de la casa, donde ambos vivían, luego él subió otra vez al camión y desapareció entre la ruidosa y motorizada oscuridad.
Ella intentaba aguantar despierta, pero el sueño es el sueño.
Quien sabe si esa noche... Ella seguro que intentará aguantar, aunque por otro lado su trabajo la obligaba a madrugar bastante.
Pero los fines de semana, que ambos son mucho más libres, aprovechan el tiempo.