Un hombre caminaba con su perro por el campo, iba paseando cuando de pronto encontró una bicicleta tras unos arboles, parecía abandonada... La cogió y se la llevó a su casa, allí la acondicionó, pero luego advirtió que desde mucho tiempo atrás no subía en bicicleta, con lo cual...
Recordó que en el pueblo vivía un hombre que había sido maestro de escuela y acróbata en un circo, así que fue allí y le pidió que le enseñara a ir en bicicleta.
Aquel hombre lo recibió atentamente: “¿En que puedo ayudarle?”
“¿Puede enseñarme a ir en bicicleta?”
“¡Sí, no hay problema, salvo que... ¿Tiene usted bicicleta?”
El caminante respondió: “Ah, precisamente encontré una en el monte, mientras paseaba.”
Y el maestro dijo: “Pues si ya tiene, puedo enseñarle; a mi me robaron la mía tiempo atrás.”
Pasado el tiempo, el hombre que había aprendido a ir en bicicleta dijo: “¡Estoy muy agradecido por el favor que me ha hecho”. “¿Cómo podría recompensarlo?”
“Pues, he descubierto que la bicicleta que usted encontró es la que me robaron los ladrones, ¿Podría dármela?”
El caminante cabizbajo y triste, y a la vez comprensivo, se la entregó, y se fue llorando de pena, por haberse quedado sin bicicleta.
Al cabo de un tiempo, el maestro llamó a la puerta del caminante y le dijo: “Le estoy muy agradecido por haberme entregado la bicicleta, he tenido recuerdos de cuando paseaba por estos campos, ha sido muy gratificantes para mí, ¿cómo podría compensarlo?”
El caminante dijo: “ Desde que no tengo la bicicleta mi vida aquí es aburrida, y quiero irme a vivir con mi hermana que vive en el campo, pero no tengo medio de transporte... ¿Podría darme la bicicleta para viajar al extranjero, a casa de mi hermana?”
El hombre que había sido acróbata en el circo dijo con cierto lamento:”¡Si le doy la bicicleta para que usted pueda viajar me quedaré sin ella!”
Entonces el caminante respondió: “ Cierto, seria injusto, si yo permitiera eso, me consideraría un trepa, que para lograr sus cosas perjudica al prójimo, pero no sucederá tal cosa, pues mi hermana conoce a una persona que quiere aprender las artes de la acrobacia, y allí no puede aprender, no hay nadie que se dedique a ello. De manera que como él tampoco tiene medios para desplazarse, le entregaré esta bicicleta para que viaje hasta aquí, le diré que se la devuelva a usted y a cambio usted podría enseñarle las artes de la acrobacia.
Y como yo aprendí gracias a usted, podré utilizar alguna de las bicicletas de mis sobrinos”
Entonces el maestro y el caminante se dieron la mano y acordaron que así lo harían.
Y poco después el hombre que caminaba por el campo y su perro se fueron de viaje.
Y sucedió tal y como habían estipulado.
Y de esta manera fue como quedaron todos contentos.