Casi
cada tarde sobre la mesa una botella, allí el vino y vasos para sus
amigos, medio llena o medio vacía, que a fin o a principio de
cuentas que resultar resulta ser lo mismo. Su rostro corporal, que
dicen que lo dice todo, está ya muy anciano y colorado, pero él
sigue fumando y fumando su cigarro, unos tras otros. Su rostro, en el
fondo, pudiera ser que…, queriendo salir, alejarse de tales
presiones. Pero en su rostro hay soberbia, orgullo, y este homo aun
osado, y de temperamento, empero limitado, de salud, delicado.
Entre
sus dedos un pincel, delgado como él. Homo amante de los colores, de
los lienzos y del antiguo arte del pintar silente, paciente y luego a
exponer en algún bar. Dos, tres, cuatro pinturas apoyadas, por acá,
por allá, por detrás de. De algún zoco o rastro una estantería de
madera algo vieja, allí colocados cuantos unos libros viejos, de
viejos teatros, pasados poemas, desconocidos y populares cuentos, y
cubiertas destempladas y endebles.
Del
hombre, hacia días que nada sabía, no lo veía desde hacía tiempo
atrás, unas semanas, y sin señales de. Su cadáver, dicen, estaba
sobre la cama, quizá por alguna enfermedad, vieja conocida de la
medicina. Su cuerpo finado quizá por no poder aguantar tanta
presión, quizá en aquellas botellas de vino y un cúmulo de otras
circunstancias. El vino es el vino, el contenido es el contenido,
botellas medio llenas o medio vacías siguen siendo botellas, según
se mire como se mire resulta ser lo mismo, al fin y al cabo que al
cabo y al fin.
El
vino es el vino, la esencia, pero viene la cultura del vino con su
discurso mitológico y…. De la tierra a las venas.
Las
pinturas siguen serenas, como el vino en la tierra, en racimos, en
las matas o en las venas.