Leonor estaba llorando por cosas de aquellas cebollas que estaba desnudando. Segundos después... en el salón suena el teléfono, allí, como siempre, sujeto a la pared.
Riiiing Riiiing Riiiing
“¡Dígame!”
(…)
“Hola, Ramona”
(..)
“Pues yo estoy bien. ¿Y tu?”
(…)
“¡Vaya, me sabe mal!”
(...)
“Sí, el hijo de la vecina está igual. No quiere estudiar”
(…)
“Cierto, cierto, este chico también dice eso, estudiar es un rollo.”
(…)
“Probad de ir al Psicólogo”
(…)
“¿Y que os ha dicho?”
(…)
“¡¡Queee!!
(…)
“¡Sí, claro!”
(…)
“Pues, yo también estoy de acuerdo”!
(…)
“Al final ...”
(…)
“No, que te decía que...”
(…)
“¡Claro, es lo que te quería decir, no todos, pero hay profesionales que dicen barbaridades, y al final tu hijo va a estar en lo cierto, que esos profesionales, cuando eran estudiantes, en su formación, se sentirían igual que tu hijo ahora, y verían que estudiar era un rollo, pero en lugar de rebelarse y hacer cosas que les hiciesen sentirse bien consigo mismos y los demás, pues siguieron estudiando, aunque estudiar les representara un rollo...
(…)
“... Y así están trabajando y diciendo o haciendo barbaridades, y lo peor es ese arrogante orgullo profesional”
(…)
“Bueno, te tengo que dejar, mañana nos vemos”
(…)
“Un abrazo”
Fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin
Vaya que casualidad! ,hay algo de ese argumento que me hace recordar a alguien.Un gran abrazo Volski!
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