Nesy era una joven apocada, una chica alta y delgada, con poca soltura, sin iniciativa, influenciable. Era hija única, sobreprotegida, su vida era casi un apagón analógico de esos modernos que ha habido. Su entusiasmo... muy reprimido. Siempre tenia una sonrisa fácil, de alquiler, ante cualquier pregunta. Su timidez la protegía de cualquier aventura más o menos sostenida. Sus padres pensaban y decidían por ella. Su insano conformismo era crónico , era continúo.
Cansinio era su padre, un hombre torpón y malpensado. Excesivamente metódico.
Una tarde de agosto, mientras su hija paseaba sin demasiado ritmo ni gracia por el barrio , Modesta que era la madre de la joven, miraba aburridamente la telenovela con Cansinio, y sucedió algo extraordinario, pues se produjo entre ambas partes una conversación más o menos larga e interesante en cierta manera...
“La niña -que tendría casi treinta años- se tiene que espabilar...” Dijo con voz cansada Cansinio. Esto fue la conversación monológica, no hubo más. En ese mundo familiar acortado y perezoso, aquel hombre derrumbó la monotonía con una frase más o menos larga... Al parecer en el interior de aquellas cuatro paredes las cosas funcionaban de esa manera...Una madre demasiado pasiva y un padre demasiado automatizado.
Al siguiente Otoño, Nesy al parecer sufrió un breve ataque de Espabilamiento Luminoso y Existencial y por un puñado de segundos se daría cuenta de algo, pues se trasladó, se mudó, estaba viviendo con su Tía Matilde, en el pueblo, lejos de la ciudad, la ciudad eran su enmudecida madre y su padre. La joven vivía aun en una nube, de esas nubes que proceden de la falta de oportunidades, todo ello junto a una excesiva confianza para con todo y con todos.
Matilde tenia una tienda, un comercio a pie de calle, de esos que hay que barrer a diario un pedazo de acera o parte de vía publica, allí vendían de todo menos de lo que no vendían. Y como Nesy se había ido a vivir a esa población con su tía, en un principio para aprender, tendría que colaborar a cambio de una asignación económica. Matilde y Cansinio eran hermanos, mal avenidos, pero hermanos, no se hablaban desde mucho tiempo atrás, pero con su sobrina mantenía bastante vínculo.
Por la zona de la tienda, deambulaba frecuentemente un hombre que muchas veces se sentaba en el banco que había delante de la tienda, iba con frecuencia a ese punto. En el pueblo no se le conocía. Al parecer era un individúo extraño... Y empezó a charlar con Nesy, como para pasar el rato, de tal manera que se convirtió en visitante asiduo. Las demás clientas desconocían a este forastero, no se sabía donde vivía, alguien decía que podría ser un jornalero de temporada...
Una mañana Nesy atendía a unas clientas, vecinas de la calle, había cierta aglomeración, la joven estaba cobrando... pero no tenía cambio... Sus rostros indicaban que no sabía como solventar la situación. El desconocido estaba allí también, mirando la escena, transcurridos unos segundos, el individúo se ofrece a ir al banco para cambiar un billete grande que le estaba causando apuros a la joven... Y ella con toda su bondad se lo entrega, fue un acto de dentro del alma, ¡le acababa de dar a un extraño, un billete de los grandes!, para que fuese al banco a cambiar por monedas y billetes pequeños...
Pasaron los minutos, las clientas comentaban con cierto retraimiento que a quien se le ocurre dar tanto dinero a un desconocido...Aquel individúo no regresaba, esto alimentaba el cotilleo.
Minutos después entra Matilde a la tienda, abre la caja registradora y le pregunta con discreción si había cobrado algo en el transcurso de la mañana... Nesy le cuenta lo que acaba de hacer.. Matilde gesticula escandalizada, indignada, le recrimina que se acaba de dejar robar, Matilde se enfada con su sobrina Nesy, el enfado es significativo y monumental. Nesy tenía el rostro como bloqueado e inexpresivo... Su tía la estaba abroncando delante de unas clientas de las de toda la vida.... Estaba nerviosa e indignada, se le notaba en su forma de expresarse... Nesy se había creído aquella frase manipuladora que recibió toda su infancia y adolescencia “Que niña más buena eres” Esta contradicción la estaba oprimiendo, no sabía donde colocarse, su malhumorada tía estaba muy enfadada, la joven lo estaba sufriendo...
A los pocos segundos regresa el forastero a la tienda con una sonrisa habitual, proyectando alegría, cierto jolgorio producto de haberse sentido útil, de haber hecho un favor a alguien y con mucha tranquilidad, nada más entrar comenta algo desenfadado y le hace entrega de un sobre con el membrete del banco, en su interior habían billetes del cambio efectuado. No faltaba nada. La chica y su tía quedaron perplejas. El hombre se retiró como si allí no hubiera sucedido nada.
Fin
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