El felino encerrado en la jaula, ha sido colocado sobre la mesa de trabajo, la mesa es de color frío. Como de metal. El animal está a la defensiva, desconfiado. Aquellas precisas manos del médico se estaban vistiendo, aquellos guantes de cuero le daban un aspecto de manazas.
Las garras y los colmillos del gato contra aquella mano extraña.
La victoria estaba asegurada, escrita de antemano, pero el animal vivía el presente, y el facultativo habría de pasar por ello.
La lucha ha comenzado, los zarpazos son amortiguados por los guantes protectores. Iba a resultar difícil sacar al animal del refugio portátil, el gato ruge salvajemente, sus colmillos siempre preparados, sus patas contra una mano armada y protegida.
Empiezan las trampas, aparece un ayudante. Dos manos más contra el gato, el animal se defiende como sabe hacerlo, poniéndose en tensión, pero el forcejeo es inútil, poco a poco es reducido, aminorado... Todo llega a su fin, aparece una inyección, la farmacología anestésica en acción, que se clava impunemente en las desconocidas entrañas de la selva felina, aquella sustancia de laboratorio empieza a ...rendir al animal.
Todo está a punto para intervenir, la cirugía salvará la vida del animal. Y su dueño el pequeño Raúl volverá a jugar con su gato curado. El gato volverá a saltar por el comedor de sillón en sillón.
Raúl volvió a reír. Y el gato volverá a ser un Rey, como el Rey de la Casa.
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