No muy lejos, hay una gran avenida, a un lado de la vía camina un hombre mayor con su cabeza bien cubierta, no se sabe si es por el frío o por estética.
Sus ropajes son entre normales y discretos, de colores oscuros y grisáceos, sobre un hombro cuelga tranquilamente una cartera de mediano tamaño, es de color oscuro.
Su cara es delgada, su piel es oscura, sus barbas negras parecen algo abandonadas. Pero eso no tiene mucha importancia.
Su forma de caminar es corriente y normal, su cuerpo está recio, aunque con una mano sujeta una muleta que prácticamente no utiliza, su caminar es normal y su mirada también.
Este hombre cruza la avenida, llega a la otra orilla, a partir de ese punto aparece un Rol, su cuerpo se ha doblado un poco hacia adelante, su mirada se ha vuelto desgraciada, su cabeza se ha convertido en cabizbaja. ¡Antes de cruzar y después de cruzar, un antes y un después!. Ha sido como una metamorfosis o algo parecido.
Su forma de mirar busca compasión, de su cartera parece que ha sacado algo que lleva en su mano, esa mano la avanza pidiendo limosna, con la otra mano se sujeta a la muleta que de pronto le ha sido útil, para sobrellevar una cojera que le ha sobrevenido al llegar a ese lugar de la avenida. Un problema físico por haber cruzado una avenida. ¡Si no hubiese cruzado no se hubiese puesto enfermo de la pierna!
El vagabundo se va acercando a la gente, encorvado hacia adelante, con la cabeza gacha, mirando con inferioridad a la gente a la que se acerca, una cojera repentina se sujeta a la muleta. Y va pidiendo unas monedas. Se desliza con pobres movimientos y dificultad añadida. No pronuncia palabras. Solo pronuncia miradas de sospechoso auxilio. ¡Pero que importa! ¡Dicen que lo que cuenta es la intención de pedir y se os dará! Eso es lo que cuenta. ¿Cuantos piden con honestidad? o Por oficio y habito.
Pasan las horas atrapadas en un reloj, el hombre sigue mendigando... Sin novedades, como siempre, como ayer, como la semana pasada. ¡Pero no importa! En la sociedad siempre hace mucho frío. Aunque sus ciudadanos se aniquilen en nombre de un faraón. ¡En la sociedad sobran los estímulos. Hay sobre estímulos. ¡Que importa un estímulo más!
El hombre ha cruzado al otro lado de la avenida, se retira caminando erguido, la muleta ya no le es tan necesaria. Su mirada se ha vuelto más normal. Utiliza la muleta de una manera muy diferente.
Su cabeza ya no mira al suelo. Ya no está cabizbajo.
El hombre ya ha terminado de jugar consigo mismo y con los y las demás.
Y se retira, caminando por la calle, en dirección a algún lugar. Al menos allí no se queda.
Ha logrado unas monedas con falsedad. Pobre de él.
Ha ganado unas monedas baratas para poder comer un bocadillo barato. O posiblemente para alguno de esos cartones cerrados que dentro tienen vino de supermercadillo.
La gente de la avenida sigue caminando, mirando sus problemas y obsesionada con sus preocupaciones, y aquella especie de mendigo volverá para añadir a la sociedad más estímulos.
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