¡Sabe Usted!
Reconozco que llego tarde.
¡Sabe usted! me desoriente por el camino, pues llevo poco tiempo por este lugar nuevo para mi, estas geografías son unas perfectas desconocidas. Aquí llegué, y me quedé. Me informé en una asociación, me dijeron que usted precisaba un cuenta cuentos que le cuente un cuento.
¡Sabe Usted!
Le comprendo. Cuando yo era un buen oficinista aburrido, también deseaba que alguien me contase historias… Por cierto. Me han dicho que está usted recién operado, pero no tenga preocupación alguna, seguro que no es nada grave.
¡Sabe Usted!
A mi también me operaron, yo tenía otra edad diferente a la que tengo ahora. Aquello pasó a la historia de mi historia personal. Las historias cotidianas de personas como nosotros, no interesan a los libros de historia
¡Sabe Usted!
Me acuerdo del dolor que sentía en las piernas de tanto tiempo echado en la cama inmóvil, convaleciente, a ninguna auxiliar se le ocurrió nunca hacer algo para contrarrestar aquella tortura. Pero que le vamos hacer, en los hospitales es posible que haya entresijos.
¡Sabe Usted!
Llevo más de cinco minutos hablándole y todavía no me ha interrumpido, se lo agradezco. De hecho me hice cuenta cuentos para poder ser escuchado.
¡Sabe Usted!
Cuando yo tenía otra edad diferente a la que tengo ahora, nadie me dejaba hablar, constantemente me cortaban, me interrumpían, me desacreditaban, no me tomaban en serio, y nunca supe cortar eso, así que acabé acomplejado, pero un día ocurrió algo por la mañana al despertar, mi padre y mi madre, me dijeron que ya era mayor de edad, y yo todavía acomplejado dije: ¡No puede ser, tan rápidamente hecho un hombre, ayer por la noche era un menor de edad, y ahora, de la noche al día un mayor de edad, demasiado rápido, demasiado brusco, esto es un sin sentido, es de locos…! ¡No puede ser! ¡Me revelo!
Entonces mi padre me dijo que pidiese uno de esos deseos que se piden en situaciones de este tipo, y yo pedí que a partir de ahora quisiera ser escuchado, y no quería volver a vivir aquellas situaciones tan fastidiosas.
Me lo tomé tan en serio que logré ser escuchado con seriedad y sin desprecio.
¡Por cierto!
¿Le cuento un cuento?
¿Le apetece?
¡Sabe usted!
Le comprendo, yo también me convertí en una persona sosa e insípida, me licencie en Aburrimiento y Letanía, pero lo tuve que dejar porqué todo me era familiar y me aburría.
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