Suaves
vueltas de tierra blanquecina.
Hechas
por el paso de pasos, día a día.
Revueltas
de estrecho sendero, serpenteante.
Bajo
el qué hacer de las penumbras del cercano ocaso.
Y
en el mañana el cercano amanecer.
Junto
al pequeño monte que imagina en alzarse algún día.
Tras
la ligera loma, admirando un pedazo de la casa de labranza que aún
asoma.
Tal
y como sucedió el año pasado, ayer.
La
anciana con un mendrugo de pan, la casa, mirando en la distancia.
Largos
y cortos paseos.
Tal
y como sucedió ayer.
Manos
duras sujetando un mendrugo.
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