Aza, de
Azafrán.
Aza es un
niño, en su aldea, en su casa; un chiquillo, la adolescencia ya
llegará.
Aza
asomado a la ventana, en su habitación de paredes azuladas como
tratándose de un cielo que está tranquilo.
Un
horizonte, una perspectiva un cielo despejado, quieto, lleno de
paciencia con alas voladoras, músculo y plumas.
Su
habitación tiene un cielo azulado de yeso, donde Aza, el chiquillo,
en su habitación, ahí tranquilo mirando.
¿Quién
hizo aquellas ventanas, Aza asomado?
Ebanista y
carpintero, artesano de la madera, su abuelo.
Aza el
chiquillo aldeano, mira por la ventana al fondo, el horizonte,
donde
antigua reside la ciudad descansa,
la ciudad
de los muchachos y las muchachas de la ciudad de los niños,
y de las
niñas, la ciudad de los padres y de las madres. Y de los gatos
callejeando.
La ciudad
de los….
Y de
las…., la ciudad.
Aza,
mirando desde su ventana, alegre empero cansado, ahí está la ciudad
avanzada y dormitando, y despertando a sus andanzas, el orbe mundo
universo.
Aza está
enfermo, la medicina moderna y civilizada y bien equipada ha dicho
que no puede curarlo, Aza ha sido desahuciado, sus síntomas fueron
descatalogados por sus síntomas lo abandonaron.
Contento
Aza y apoyado en el marco de la ventana mira en dirección a la
ciudad.
Su tío
abuelo es un buen curandero sabio, un chamán.
Aza está
con el chamán, curandero que loa a los vientos frescos limpios que
suben por el sendero, y bajan por la ladera matinal.
Aza está
tomando un brebaje.
Muy mal le
sabe a sabor áspero, hepático.
Aza
tomando el brebaje a desazón sabe, arrugando la cara, muecas.
La
adolescencia espera a Aza.
Aza
surcará los mares de la vida.
Alegre, con voluntad de vivir.
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