Adela ha llegado al portal de la escalera donde vive. Está parada con la mano en el bolso, allí dentro hay bastantes cosas, sus dedos buscan algo muy concreto. Parece que está costando más de lo normal.
¡¡Por fin, ya las tengo!!
Toma la llave, abre la puerta y accede al vestíbulo del edificio. Se acerca a su buzón, hay un sobre blanco abierto y una nota escrita a mano.
Su vecino de rellano acaba de entrar, ha mirado a Adela, ambos se han sonreído, han subido juntos en el ascensor… Si allí dentro sucedió algo o no, nunca se ha sabido…
Cada cual entra a su casa. Se cierran las puertas. Se oyen los clics de encender la luz.
Adela abre el sobre sin remitente y de allí dentro extrae una nota a mano escrita. Ni una sola falta de ortografía. Mientras hace esto, ese vecino ha empezado a practicar su afición favorita. Se oye lo que está tocando, se oyen las notas suaves y melodiosas.
Ella empieza a leer al son de la melodía que toca su vecino sentado al Violonchelo. Estudiando para un examen en el conservatorio.
La Nota, escrita a mano dice así: “Ves al vecino de al lado. Explícale que vas a preparar una comida para varias personas y te has quedado sin Sal. Si te la ofrece dale las gracias. Si te dice que no tiene, dale las gracias”.
Adela en ese momento sigue escuchando la melodía de su vecino y se queda como en estado de hipnosis. No se sabe como, pero se presta al juego, se levanta, sale del piso, llama al vecino. Ella parece estar como en estado de trance.
El chico deja de tocar el Chelo, se levanta, abre la puerta y ahí está ella, que tal y como indica la nota le pide un poco Sal. Siguiendo las instrucciones al pie de la letra, como en estado de hipnosis.
Luego ella se retira a su casa, y suena el teléfono, en ese momento sale de ese estado de conciencia, mira extrañada una bolsa en sus manos, en el interior hay Sal. Atiende al teléfono: “Adela, soy Beatriz estoy con Marta, David y tu tía Virtudes, ya sé que nos has dicho que querías estar sola el fin, pero hemos pensado que necesitas un poco de compañía, te irá bien, sobre todo después de haber dejado a Vicente cuando os faltaba un mes para casaros, nos gustaría venir a cenar esta noche contigo, con la condición de que nos dejes cocinar y así descansas un poco, ¿Qué te parece?”
Ella mira la Sal y el Teléfono y con cierta Incredulidad pronuncia un tímido “Bueno, está bien”.
Todos están cenando, cuando suena el timbre. David se levanta y abre la puerta…
“¡Adela! Es tu vecino, dice que se siente muy sólo. Y si puede tocar el Violonchelo para Ti.”
Adela no sale de su asombro y responde como antes, con un tímido “Bueno, está bien” Su cara carente de expresión lo dice todo, está seria, bajo algún tipo de impacto o síndrome de incredulidad o algo similar.
Su vecino ha estado tocando una melodía suave y tranquila. Al finalizar mira a la chica, a sus ojos de asombro, él habla “¿Sabes como se titula?”
Ella responde: “¡No!”
“La noche que la conocí”
Y ella respondió: “¿Que tiene esta Sal?”
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