Unas cuantas gotas de agua van cayendo hacia la seca tierra, golpean amablemente a las frágiles hojas. La tierra no tardará en resbalarse como barro húmedo.
Gota a gota se hace el charco. Un charco transparente, muy parecido a un espejismo.
Las hojas empiezan a llorar, sus pequeñas lágrimas van hacia abajo, quizás resbalen de alegría, viendo caer lluvias por doquier.
Las lluvias viven encaramadas en lo alto de los azules colores del cielo. Las lluvias recorren el mundo de mundos allí subidas, las lluvias todavía no saben que primero está el tercer mundo, luego vendrá el segundo mundo, y por último el primer mundo que está vallado con una alambrada.
Diminutas hojas cabizbajas se arrodillan ante la madre tierra, ni la primera, ni la segunda, ni la tercera. Dicen los dichos que madre solo hay una, que al llover huele a humedad, que riega y vivifica semillas a diestra y siniestra., porqué llueve para todos y todas, a buenas y a malas.
Silencios de bosque marchito, que aguantan con paciencia. La lluvia quiere una goma para borrar lágrimas de cocodrilo, lágrimas falsas y faltas de respeto. Pero también hay un silencio de accidente, es un silencio que pide auxilio cada que la sierra mecánica deja de horadar, un silencio que pide auxilio cada vez que la escopeta necesaria y legitima concede tal cual un insulto un indulto, por decreto.
Humedad camuflada entre nieblas que amablemente y con discreción flotan sobre el paso de lluvias generosas junto a estas tierras llenas de tierra.
Una excavadora con dientes en la boca, exige en un tribunal abarrotado de leyes y defensores, autorizaciones y permisos para no se sabe qué...
Caminos, oquedades, zanjas llenas de lágrimas que bajan de las nubes, que todavía quedan sobre los cielos tapados.
Cielos vacíos y al mismo tiempo llenos de espacio invisible para las visiones, viendo alejarse a las nubes que lloraron y se vaciaron.
¡Un inocente caracol viene de visita, con su cuerpecito siempre lloroso, sube y asciende sobre las hojas solitarias pero llenas de vida!
¿Que canturrea aquel pájaro? ¿Lo sabrán las hojas verdes, que bajo el agua de lluvia esperan pacientemente?
¡Y más allá una verja hecha de alambres, obsesiones y miedos, diciendo... De aquí para allá es mío!
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