Es ella.
Es la mujer con el cabello a la altura de la tarde, con las pupilas
llenas de sonrisas hechas de colores. Se detiene ante el sol lejano,
se detiene ante los caminos y los senderos, y las sendas, y allí,
quieta ella tomándose un respiro lleno de lentitud y tiempo paciente
que no conoce prisa; y se inclina y se inclinó, lo hizo ante los
caminos para verlos mejor, para disponer de una mejor panorámica; se
inclinó, sí lo hizo, para bien mirar en busca del detalle y su
pequeñez.
Y con un
gesto muy pequeño baja y bajó la mirada, y quedó el pequeño
detalle ante sí expuesto ante ella; pues la mujer lo encontró, allí
estaba, pues en uno de los caminos a la espera ante sí; y lo
emprendió, el camino de los detalles que son pequeños.
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